Al oído del presidente

Eran como la 8:30 de la mañana. Me conducía sobre la calle Chiltiupán, y ya para llegar a los centros comerciales divisé las bellas estructuras del redondel Naciones Unidas, obra de arquitectura, orgullo nacional y un bien ganado halago para el gobierno y específicamente para el ministro de Obras Públicas. Ese importante conjunto arquitectónico agilizaría el tráfico que viene de occidente y Santa Tecla.
Enlace copiado
Al oído del  presidente

Al oído del presidente

Al oído del  presidente

Al oído del presidente

Enlace copiado
Pero unos 200 metros más abajo, el tráfico estaba obstruido. Un accidente pensé: no puede ser que haya congestionamiento, si lo hubiere algo falló en el diseño. Con paciencia tomé mi lado izquierdo para incorporarme al carril que conduce a la avenida Jerusalén, los otros dos carriles; uno va para empalmar con CIFCO y el otro con la carretera Panamericana.

Más cerca pude observar que no había ningún accidente. Sucede que los automovilistas que van para CIFCO y la Panamericana toman el carril más expedito que va para la Jerusalén, pero al llegar al empalme tratan de introducirse al carril derecho obstaculizando el tránsito. Nadie pasa mientras ellos tienen bloqueada la calle. No vi ni un policía de tránsito. Ese era el problema que me retuvo como 10 minutos. De allí en adelante la vía estaba despejada.

La bella obra de ingeniería fracasó en la práctica. Siempre el mismo nudo o embotellamiento por el irrespeto a las señales de tránsito y la ausencia de los miembros de la Policía que les corresponde regular el tráfico. Cuántos millones invertidos y ¿para qué? pensé.

El problema es abuso, irrespeto, impunidad: puros contravalores de convivencia e incumplimiento de las funciones que la Constitución y las leyes delegan a las instituciones del Estado a las que se les asigna esta tarea.

Esta es la segunda vez que abordo el tema, porque me parece importante, relevante y vital para la vida de la ciudad y creo que las autoridades no le dan la importancia que requiere.

Actualmente las comunidades y organizaciones sociales obstruyen calles y realizan marchas para que les presten atención a sus problemas. Si no lo hacen, sus problemas no son escuchados.

Por lo que pido respetuosamente al señor presidente de la república, que preste atención a estos hechos cotidianos, que soportamos la mayoría de automovilistas por el incumplimiento de las funciones que les corresponden a sus subordinados e insolvencia de educación vial.

El jefe de gobierno está obligado a que las instituciones de su gobierno actúen en el cumplimiento de sus funciones. Él es el jefe supremo y bajo él están el ministro de Justicia y Seguridad Pública, el viceministro de Transporte, el director de la Policía Nacional Civil, el director de Transporte, el director de Tránsito, etcétera. Se debe atacar el problema por la raíz: el cumplimiento de las normas y reglamentos de tránsito por quienes corresponde y de una vez por todas evaluar y supervisar muy de cerca las organizaciones encargadas de la educación vial. Y si no rinden, crear una institución oficial que imparta y apruebe a los futuros conductores con espíritu honesto y ciudadano, así como depurar el departamento de tránsito y sus conexos.

Son millones de dólares los que el Estado invierte en atender los accidentes de tránsito y sus derivados. Y cientos de vidas humanas y sufrimiento de grupos de familias que sucumben producto de este desatino. De nada sirve la belleza de calles, si los cafres al volante hacen de las suyas con la apatía de las autoridades, muchas de las cuales son las primeras en violar las normas y reglamento.

¿Hacia dónde vamos, si se permite y estimula el irrespeto a los más esenciales valores de convivencia?

Tags:

  • trafico
  • obras publicas
  • transito
  • congestionamiento

Lee también

Comentarios

Newsletter