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Al oído del ciudadano común

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Como todos sabemos, 2014 será un año de grandes y trascendentales decisiones para los salvadoreños, pues tenemos que definir el rumbo hacia donde debemos impulsar el país de tal manera que los diferentes sectores sociales, económicos, intelectuales, políticos y gremiales encuentren condiciones de entendimiento que los impulsen a construir juntos el país que todos sentimos que necesitamos, pero que de vez en cuando percibimos que no tenemos.

Las elecciones presidenciales señaladas para el próximo año demandarán del salvadoreño claridad sobre lo que acontece en el país y sobre los proyectos de los partidos contendientes.

Al elegir autoridades mediante el voto directo, igualitario y secreto, se requiere además de otros atributos, ser consciente e ilustrado. La democracia, “como sistema político-jurídico de gobernar, se apoya en la racionalidad del votante”, quien frente a la urna debe realizar un juicio valorativo.

De la información divulgada cotidianamente por los medios de comunicación, percibimos que por lo menos habrán tres contendientes presidenciales que buscarán capitalizar el voto mayoritario del votante y que, de alguna manera, tendremos tres proyectos diferentes de gobierno, con filosofías políticas diferentes, con una visión de país propio, con programas educativos, sanitarios, económicos, culturales y jurídicos específicos y bien definidos como la única razón de ser de cada proyecto de gobierno.

El salvadoreño de estos días, en términos generales, impresiona como un ciudadano que en los últimos años ha evolucionado en sus concepciones y prácticas de participación política; ha perdido el temor a expresarse; ha aprendido a dudar con racionalidad propia, pero lo más importante es que siempre está dispuesto a participar con su voto en las decisiones que afectan a su familia, a su comunidad, a su país, en escenario como la escuela, como la comuna, como la parroquia.

Creemos que esta evolución socio-política-cultural, que se advierte en el salvadoreño en general, ha acontecido casi espontáneamente después de algunas frustraciones históricas, que han impactado en su conciencia moral, transformándola a la vez en una actitud crítica; ya sea para desahogarse posiblemente en algunos casos, para reclamar en otros o para protestar masivamente. Los partidos políticos como institutos de formación cívico-ciudadanos tienen esta deuda frente al país; pareciera que no se han percatado de que la fortaleza de un partido requiere que su base social conozca con claridad las diferentes tendencias y filosofías políticas, las intríngulis características de cada partido y su razón de ser.

Esto es lo que asegura una afiliación real, con identidad, pertenencia y lealtad. No se debe olvidar que solo a través de ellos es posible buscar el acceso al poder, de conformidad con el statu quo jurídico nuestro, con el apoyo mayoritario del voto disponible.

En los meses que faltan para la justa electoral del próximo año, el salvadoreño debe demandar de los partidos contendientes mucha claridad en sus planteamientos, que hablen sin ambigüedades enajenantes, que no abusen de expresiones demagógicas que degeneren el instinto natural del votante.

Pero sobre todo que sean congruentes con sus objetivos de gobierno. En una democracia caben todas las posiciones y existe el libre juego de ideas. Despojémonos de algunos temores aberrantes y encendamos la lámpara de la libertad y la justicia electoral.

Tags:

  • intelectuales
  • contendientes
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