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Al toro por los cuernos

Con esos antecedentes, el compromiso de Peña Nieto de acabar con las plazas vitalicias y hereditarias implica voluntad para desmantelar un sistema plagado de corrupción.
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El presidente Enrique Peña Nieto está actuando con asombrosa rapidez para cumplir los compromisos que asumió al tomar posesión de su cargo en diciembre del año recién pasado.

A pocos días de la ceremonia de inauguración, pudo concretar el Pacto por México con respaldo de los principales partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil, y dio un primer paso muy audaz para hincarle el diente a los grandes problemas de la educación. En su discurso de toma de posesión, Peña Nieto estableció como tercer eje de su gobierno “lograr un México con educación de calidad para todos” y esbozó, como séptima acción de su plan de gobierno, terminar con las “plazas vitalicias y hereditarias” en el sistema de educación pública.

Lo anterior se dice fácil pero es un desafío monumental que ningún otro mandatario de la nación mexicana se había propuesto lograr. Por décadas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) había ejercido control casi absoluto de un sistema arbitrario, clientelista y nada transparente de asignación de plazas administrativas y docentes. Con el paso del tiempo, Elba Esther Gordillo, máxima dirigente del gremio magisterial, había amasado un enorme poder que ya nadie se atrevía a disputar, dejando al Estado en una posición extremadamente débil en lo concerniente a la formulación de política educativa y al control del recurso más importante en el esfuerzo educativo en la nación mexicana. El poder de Gordillo en el ámbito educativo se había traducido en poder político hasta el punto en que los candidatos presidenciales se sentían obligados a pactar con ella para hacer viable su candidatura.

Con esos antecedentes, el compromiso de Peña Nieto de acabar con las plazas vitalicias y hereditarias implica voluntad para desmantelar un sistema plagado de corrupción. Era necesario tomar al toro por los cuernos, algo que solo puede intentar un presidente que tiene una clara visión de lo que quiere lograr y una clara conciencia de los obstáculos que debe sortear. Algo que solo puede intentar un presidente en las primeras semanas de su mandato, cuando tiene todavía intacto su capital político y cuenta con el respaldo de las principales fuerzas políticas, económicas y sociales de su país.

Entre las lúcidas reflexiones que el presidente mexicano plantea en el documento que envió al Congreso el pasado 10 de diciembre, se lee lo siguiente: “La sociedad sabe bien que gran parte de los logros que México ha podido alcanzar tienen que ver con los esfuerzos realizados en materia educativa; entiende también que muchos de los problemas y desafíos están estrechamente vinculados con las limitaciones del Sistema Educativo Nacional y con factores sociales, culturales y económicos –externos a la escuela– que impactan su funcionamiento y con los que la educación también debe contender a fin de contribuir a superarlos”.

Esto da una clara idea del nivel de prioridad que tiene la educación en la agenda del nuevo presidente de México. Otras muchas consideraciones dentro del referido documento dan cuenta del buen entendimiento que el presidente tiene de los problemas educativos, sus causas y los resortes que deben activarse o desactivarse para darle una verdadera oportunidad a una transformación educativa centrada en la calidad.

La médula de la reforma que propuso el presidente y fue ya aprobada por el Congreso Federal y ratificada por más de la mitad de los congresos estatales es la elevación a rango constitucional de la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, organismo que hasta la fecha tenía funciones auxiliares dentro del esquema orgánico de la Secretaría de Educación Pública. Pero hay otro aspecto crucial de la reforma que ha suscitado una fuerte oposición en el gremio magisterial. Se trata de otra reforma al artículo 3 de la Constitución, a fin de que el servicio profesional docente se constituya mediante concursos para el ingreso y para la promoción a cargos de dirección, es decir, un sistema de méritos, un sistema basado en la competencia transparente para obtener y conservar las plazas.

Sacando lecciones para El Salvador, ojalá nuestro próximo presidente asuma genuinamente la educación como prioridad para el desarrollo y ejerza un liderazgo valiente y visionario para hacer los cambios fundamentales que necesita el sistema educativo.

Tags:

  • Pacto por Mexico
  • hincarle el diente
  • plazas vitalicias

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