Algo pasa en Centroaméricaque empezamos a descifrar

Las pistas para armar el rompecabezas ahí están. Una larga conversación con la gobernante costarricense, Laura Chinchilla, en su país, mostró que dentro del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) hay alguna refriega entre los gobernantes por el papel que debe asumir Estados Unidos frente al problema del crimen organizado en la región.
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<br /><p>Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para Latinoamérica, confirmó lo que sospechaba: hay tensión entre los gobernantes centroamericanos y eso pasa hasta por el rechazo a reunirse con el futuro gobernante de México, Enrique Peña Nieto. <br /></p><p>Algo está pasando. Sigamos las huellas. Eso ayuda a descifrar el asunto. Primero, Laura Chinchilla le dice a LA PRENSA GRÁFICA, en una larga entrevista, en San José, que estaba a punto de producirse una nueva rebeldía frente a Estados Unidos porque el dinero que ofrecieron para combatir el crimen organizado en Centroamérica nunca llegó. </p><p>La gobernante también delató que la región aplica estrategias contra las mafias que fueron diseñadas hace 15 años y que ya no sirven para nada. Es decir, sin mucho rodeo, dijo que los centroamericanos necesitamos dinero, método y actualización en estrategias para agarrarnos de los cabellos con Los Zetas y otros macizos.</p><p>No hay que olvidar que Chinchilla le dijo a Obama, en su cara, que al menos Costa Rica está harta de poner millones de dólares, una buena cantidad de sus policías y hasta los muertos en esa lucha para impedir que la droga llegue a envenenar a los jóvenes estadounidenses. Con mucha honradez personal les dijo: si quieren que hagamos eso, páguennos.</p><p>Muy poco después, Otto Pérez mencionó, cuando se estrenaba como gobernante de su país, que la droga debía liberalizarse. Eso llevó el asunto a otra punta: significaba decirle a los estadounidenses que si quieren impedir que la droga siga envenenando a más de 100 millones de sus jóvenes, pues que la atajaran en sus fronteras.</p><p>Esta posición de Pérez la llamó Chinchilla “valiente”, aunque aclaró que no apoya la liberalización de la droga.</p><p>Recientemente ocurren al menos dos hechos: 1) Otto Pérez llega, de repente, sin mucho aspaviento ni protocolo, a Costa Rica y se reúne con Laura Chinchilla. Hablan en privado. 2) Sale de ahí y, poco después, tiene un encuentro bilateral con Peña Nieto.</p><p>Todo eso mostró que el tema de la lucha contra el crimen organizado está dividiendo a los gobernantes centroamericanos. Unos están más cerca de Obama, en ese tema, que otros. Jacobson le llama a eso “tensión”. Posiblemente eso esté de acuerdo con las pretensiones que cada uno tenga por separado frente a la administración estadounidense a corto plazo.</p><p>Hay otra clave para entender todo esto, que saqué de la conversación con Chinchilla. Cuando le pregunté si, en la primera rebeldía, habían silenciado a los bocones, no dijo sí ni no. Respondió de otra manera: aseguró que en marzo, en Tegucigalpa, escuchó voces cambiadas. Estaban más a tono con su gusto. Existía una mayor dosis de reclamo hacia Estados Unidos. Y, casi de seguido, dijo que hay que hacer algo porque el dinero estadounidense nunca llegó, ni las estrategias son las adecuadas.</p><p>Entonces no cabe otra interpretación: cuando ella y Otto Pérez brincaron contra la política estadounidense en la región, otros rehusaron ponérseles al lado.</p><p> Pero ahora podría estar cerca una buena rebeldía y una posición un poco más ruda para que Estados Unidos entienda que estamos hartos de poner dinero que no tenemos, heridos y muertos y hasta recursos que deberíamos usar para combatir la pobreza, para impedir que la droga llegue a Estados Unidos. Quizá yo esté perdido en este debate, pero al menos me atrevo a contribuir a interpretarlo.</p>

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