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Alguien verdaderamente extraordinario

Mañana, 17 de octubre, se cumple el 25.º aniversario del fallecimiento del Ciervo de Dios Dr. Ernesto Cofiño. Él era médico pediatra.
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San Josemaría Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei (Obra de Dios) el 2 de octubre de 1928, cuando él contaba con 26 años de edad. Tenía la inquietud de que Dios le pedía algo desde los 15 años, pero supo qué era, hasta esa fecha.

Lo que el Señor le pedía era que fundara una institución dentro de la Iglesia Católica, que proclamara la santidad en el trabajo profesional y en los deberes ordinarios del cristiano.

El Opus Dei empezó a trabajar en Madrid –al principio solo estaba él para realizarlo–, pero en poco tiempo se fue extendiendo por otras ciudades de España, de Europa, de América y del mundo entero. Cuando el Fundador falleció el 26 de junio de 1975, el Opus Dei ya contaba con más de 60,000 miembros, hombres y mujeres, de muchos países.

Esta Obra de Dios llegó a Guatemala en 1953 y empezó el trabajo apostólico. Ernesto Cofiño lo conoció en 1956: Fue el primer miembro Supernumerario del Opus Dei de Centroamérica.

A partir de esa fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la Santa Misa y Comunión diarias, en la Confesión semanal. Creció su devoción a la Santísima Virgen, convirtiéndose en gran propagador del rezo diario del Santo Rosario; se aplicó al estudio y a la formación doctrinal-religiosa, e intensificó su apostolado buscando comunicar su alegría y su generosidad a muchísimas personas, a las que animaba a colaborar con sus oraciones y económicamente y en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina social de la Iglesia.

Ernesto Guillermo Cofiño Ubico nació en Guatemala el 5 de junio de 1899 y falleció el 17 de octubre de 1991 también en Guatemala. Fue el cuarto hijo de don José María Cofiño y de doña Clotilde Ubico.

Se casó en 1933 con doña Clemencia Samayoa Rubio. Vivió treinta años –hasta el fallecimiento de su esposa– en un matrimonio ejemplo de amor, de unidad, de convivencia, en cuyo seno nacieron 5 hijos que viven actualmente.

Posteriormente vivió otros veintiocho años, viudo, dedicado a sacar adelante a sus hijos, especialmente a José Luis que, cuando enviudó, tenía 6 años. Vivió intensamente el nacimiento y crecimiento de 21 nietos. A muchos de ellos preparó personalmente para la Primera Comunión.

Voluntad de trabajo y sacrificio: voluntad recia, corazón grande, exquisita sensibilidad social, hombre de bien sin envidias, verdadero maestro y amigo, honradez profesional intachable, preparación cultural amplia, simpatía personal envidiable, exigente con su trabajo y con el ajeno.

El enfoque que le daba al trabajo se enriqueció notablemente: lo convirtió también en medio de santidad, dándole una dimensión sobrenatural. Esta dimensión cristiana del trabajo lo llevó a profundizar mucho más en sus relaciones profesionales: impregnó su exquisita sensibilidad social y gran sentido profesional con el urgente afán de recristianizar la sociedad. Trabajó cada vez más y mejor, pues sabía que sirviendo y amando a los demás, servía y amaba al mismo Dios. Creció su deseo de amar a Dios, en una forma que él mismo califica de vehemente.

¿Cuál fue su secreto? Se entregó, sin reservas de ningún tipo, a Dios y a los demás: así fue como llenó de sentido lo cotidiano, así fue como un hombre ordinario se convirtió en alguien verdaderamente extraordinario.

Su fama de santidad es grande: muchas personas obtienen favores por su intercesión.

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