Lo más visto

Más de Opinión

Algunas reflexiones sobre lo que podría ser “el año ideal”

Hoy estamos de cara a 2017, y lo curioso es que aquellos anhelos expresados de cara a 2011 parecieran seguir teniendo plena vigencia. Eso demuestra que en las cosas fundamentales casi no se avanza.
Enlace copiado
Algunas reflexiones sobre lo que podría ser “el año ideal”

Algunas reflexiones sobre lo que podría ser “el año ideal”

Algunas reflexiones sobre lo que podría ser “el año ideal”

Algunas reflexiones sobre lo que podría ser “el año ideal”

Enlace copiado
Juan Ruiz de Torres era un poeta y creador cultural español de inspiración permanente y de laboriosidad incansable. Trabajamos juntos en varios proyectos, entre ellos uno que llevó por título “R-TEXTOS, Reflexiones con fecha”, y que era una recopilación de breves prosas de gran cantidad de autores. En el primer volumen de dicha serie, publicado a inicios de 2011, apareció un texto mío escrito a fines de 2910: “El Año Ideal”. Puestos ya frente a 2017, releo dicho texto y me animo a reproducirlo en esta columna. Dice así:

“Sabemos, por constatación intelectual, que el año es una fórmula cronológica; pero también sabemos, por constatación existencial, que el año es una experiencia metabólica. Cada quien tiene su año, todos los años; y, por consiguiente, cada año es una expectativa por realizar. Pero el año es también una pequeña colección de deseos, que se refieren a la persona como tal o al mundo que es su entorno.

Así, pues, en cualquiera de esas dos dimensiones, es válido plantearse un desafío benévolo: ¿Cuál sería mi año ideal, si tuviera el poder o la capacidad de hacérmelo posible? Y esta vez, unas horas antes de la medianoche del 24 de diciembre (que en El Salvador es un festejo entre cielos claros, brisas vibrantes y afanes multicoloridos), me pongo a la tarea de resumir en unas cuantas líneas esa aspiración de seguro inocente pero a la vez vivificante, en relación con el mundo que me rodea. ¡Necesitamos idealismo, para sobrellevar los chubascos de la realidad!

Para mí, ahora mismo, 2011 sería ideal si reuniera al menos algunas de estas cosas tomadas al azar del ensueño y al socaire de la inspiración:

—Que el “cambio climático” se definiera por fin en un suspiro de alivio.

—Que el G-20 extraviara de una vez por todas el ábaco perverso y se convirtiera automáticamente en el G-TODOS.

—Que todos los “líderes actuales” del mundo quedaran de repente afónicos, para limpiar la atmósfera global de tanta retórica cacareante.

—Que la próxima primavera se atreviera a llamarse Utopía.

—Que la palabra “enemigo” pasara sin más al cajón de lo desechado.

—Que hubiera vuelos directos de todas las ciudades a todas las ciudades, de todas las aldeas a todas las aldeas, aunque fuera en alas de mariposa, para entrar en la era radiante de la Geografía Virtual.

—Que los poetas tomáramos como misión emergente y prioritaria redescubrir y reinventar la alegría.

—Que Dios dijera algo –aunque fuera un susurro–, pero en vivo y en directo.

Y aquí me detengo, para no pasar a la fase de lo irrealizable. Abur”.

Hoy estamos de cara a 2017, y lo curioso es que aquellos anhelos expresados de cara a 2011 parecieran seguir teniendo plena vigencia. Eso demuestra que en las cosas fundamentales casi no se avanza. De seguro, al hacer otro ejercicio parecido al de aquella fecha, surgirían algunos deseos nuevos, puestos a tono con la realidad de esta precisa coyuntura en la que nos hallamos inmersos; y serían, sin duda de la misma índole, porque lo que está siempre en el fondo es el ansia de que el mundo deje de ser un predio baldío y vaya convirtiéndose en un jardín acogedor.

Aunque lo más probable es que se dieran significativas coincidencias específicas al hacer un rastreo de opinión sobre lo que sería “el año ideal” en términos generales, cada quien se pronunciaría dentro del marco de la individualidad correspondiente. Recuérdese que la sabiduría popular enseña que “cada cabeza es un mundo”, y por consiguiente vivimos siempre en una inmensa comunidad de mundos. Lo que llamamos globalización, puesta en perspectiva de vida, es, entonces, un fenómeno que viene desde el principio de los tiempos, y no digo que llegará hasta el fin de los tiempos porque tengo profundas dudas de que llegue ese fin.

Lo que nunca debe perderse es la ilusión, florecida en convicción, de que el tiempo sucesivo que nos toca sea territorio de buenas cosechas tanto individuales como colectivas. Estamos envueltos en problemas y cargados de desafíos, pero la vida tiene en sí su premio mayor, que es justamente vivirla. Lo escribo mientras por la ventana entra una ráfaga tierna del aire de diciembre, que es entre nosotros mensajero de frescura luciente. Hay que asumir esa frescura como proyecto personal y como compromiso comunitario. Cada día es un día nuevo, y la suma de todos esos días forma el año nuevo, que está aquí a diario, como la ráfaga transfigurada a la que acabo de referirme.

Tags:

  • juan ruiz torres
  • poeta
  • 2017
  • anhelos
  • fin de año

Lee también

Comentarios