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Almagro y el relanzamiento de la OEA

Su talante, agenda e iniciativa democrático-progresista y la velocidad de los cambios en el continente, anuncian el relanzamiento de la más antigua institución regional.
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Almagro y el relanzamiento de la OEA

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Minutos antes de dar inicio a un nuevo ciclo político en Latinoamérica, los países miembros, unánimemente, eligieron secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) a Luis Almagro, excanciller de Uruguay y del presidente Mujica. Al ser electo con todos los votos posibles y una sola abstención, con la hegemonía venezolana-chavista en Latinoamérica y el Caribe todavía en pie, muchos pensamos, antes de conocerlo, que este señor sería uno más de los mismos. A menos de un año de gestión, su iniciativa y liderazgo ha sorprendido a propios y extraños. Ante el debilitamiento y sustitución progresiva del eje de gobiernos populistas autoritarios y el develamiento cada vez mayor de la corrupción en el continente, tengo la percepción que “todavía no hemos visto nada” y que la gestión de Almagro hará una importante diferencia en la OEA y Latinoamérica.

Apenas dos meses después de tomar posesión de su cargo, Almagro enfrentó la primera confrontación hemisférica el 31 de agosto de 2015, cuando el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) llevó a cabo una sesión extraordinaria atendiendo la solicitud presentada por Colombia de convocar una reunión de cancilleres ante lo que consideró una “grave crisis humanitaria” con “deportaciones arbitrarias y maltratos” por Venezuela en la frontera de ambas naciones. Como lo escribí entonces: “En los principales periódicos y cancillerías del mundo, se consolida la creencia que este es un conflicto más fabricado por Venezuela para evadir la atención de sus crecientes problemas internos y fortalecer la posición del Gobierno en las próximas elecciones legislativas donde las encuestas favorecen por primera vez a la oposición”. (Alberto Arene, “El acertado voto de El Salvador en la OEA”, LPG, 10/9/2016).

Si bien a Colombia le faltó un voto para lograr la mayoría que necesitaba la aprobación de la convocatoria, fue una victoria política y moral para Colombia y el bloque de naciones que lo acompañaron, El Salvador incluido, que reflejó un primer cambio en los balances de fuerza y en la posiciones en Latinoamérica y el Caribe. A continuación, Almagro visitó la zona fronteriza, y ante la negativa de Maduro de permitirle a la OEA la observación electoral, le envió a la presidenta del Consejo Electoral de Venezuela aquella histórica carta-documento sobre los problemas y vacíos del proceso y sistema electoral venezolano, exhortándolos a respetar las elecciones que terminó ganando mayoritariamente la oposición.

Almagro también tomó iniciativa apoyando la instalación de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH). Y más recientemente se pronunció sobre la crisis brasileña instando a la estabilidad institucional de la democracia y a continuar con la operación “Lava Jato” sobre los casos de corrupción. Dijo tener el “mayor respeto por la presidenta Dilma Rousseff, quien ha mantenido un claro compromiso con la transparencia institucional y ha defendido las conquistas sociales logradas por el país. En este momento su valentía y su honestidad constituye la herramienta esencial para la preservación y fortalecimiento del Estado de Derecho”. Y agregó que “su mandato constitucional debe ser asegurado, conforme a la Constitución y las leyes, por todos los poderes del Estado y todas las instituciones del país, así como debe evitarse todo menoscabo de su autoridad, venga de donde venga”.

Pero se avecina una nueva confrontación y otro gran desafío para Almagro y el sistema interamericano si el presidente Maduro decidiera ponerle fin al mandato de la nueva Asamblea Legislativa recién electa en Venezuela con abrumadora mayoría de la oposición. De suceder, y ante la solicitud de dicho Órgano de Estado al Consejo Permanente de la OEA de recurrir a la Carta Democrática Americana para restablecer la democracia, los Estados miembros decidirían que hacer.

Después de la prolongada parálisis y crisis de la OEA liderada por el chileno José Miguel Insulza, la secretaría general de Luis Almagro, en el marco de un mayor equilibrio político en Latinoamérica y el Caribe, ofrece una oportunidad para que dicha instancia multilateral pueda volver a ejercer su labor en el continente, promoviendo la resolución pacífica y diplomática de los conflictos entre los Estados miembros, el respeto a la democracia y a los derechos humanos. Como lo afirmé en el artículo citado, “A El Salvador le conviene ser parte del relanzamiento de una OEA renovada sin las hegemonías de antaño de Estados Unidos y de gobiernos militares o conservadores, o de la hegemonía de Chávez y del ALBA de la última década”. Luis Almagro pareciera ser el secretario general ideal para liderar desde la OEA, la nueva transformación democrático-institucional del continente.

Anteayer por la mañana, en el Foro Internacional de Análisis Político organizado por FUSADES, oí la conferencia inaugural del secretario general de la OEA que después me recibió para conversar. Me llamó la atención el contraste entre su hablar quedito y la precisión y vitalidad de su agenda democrática renovadora. Su talante, agenda e iniciativa democrático-progresista y la velocidad de los cambios en el continente, anuncian desde ya el relanzamiento de la más antigua institución regional al servicio de nuestros pueblos.

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