Alternativas políticas

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Columnista de LA PRENSA GRÁFICAAsistimos desde hace algunos años a un creciente desgaste del actual sistema de partidos políticos. Varias encuestas de opinión constatan cómo los dos principales partidos políticos caen pronunciadamente en las preferencias electorales, y el resto se mantiene prácticamente estancado. Como contrapartida, los que no manifiestan preferencia por ninguno de los partidos existentes, debido a diversas razones, sube notoriamente.

Han sido varios factores los que han contribuido a ese creciente distanciamiento hacia la partidocracia. Entre otros, podemos destacar: una alternancia de gobierno sin cambio en las viejas prácticas políticas, la reproducción y permanencia de los viejos vicios del ejercicio legislativo, y la incapacidad de las dirigencias políticas de enfrentar adecuadamente nuestros graves problemas socioeconómicos.

Para una buena parte de la población, la frustración los ha conducido a la indiferencia y a la inmovilidad que produce la creencia del “todos son iguales”. Sin embargo, para otra buena parte de la población, ciertas dinámicas sociales la están impulsando hacia la búsqueda de alternativas, tanto en el campo de la organización ciudadana como en el de la conformación de frescos partidos políticos o de la renovación de alguno de los existentes.

En el campo de la acción política ciudadana asistimos, al menos en los últimos cinco años, a un importante florecimiento organizativo. Es cierto que se trata de movimientos ciudadanos todavía dispersos y de limitados miembros, pero de una creciente dinámica/presencia en distintas áreas de la problemática nacional: reformas electorales, fortalecimiento de la democracia, transparencia y lucha contra la corrupción, participación ciudadana, incidencia en políticas públicas, etcétera. Su capacidad de influencia no es para nada despreciable.

Valga señalar que la posibilidad de mermar la indiferencia y la apatía existente en gran parte de la población, de entusiasmarla y animarla para que luchen por los cambios que el país necesita, estará en gran medida en función del arte que se tenga para ir hilando y articulando toda esa emergencia organizativa ciudadana. Para darle forma a ello, será fundamental contar con liderazgos sociales, individuales o colectivos, con altas dosis de credibilidad, honestidad, innovación y sabiduría.

En el dominio de la conformación de nuevos y frescos partidos políticos, la tarea no será fácil, dado el peso de los principales partidos políticos en contienda, que se asemejan a un amate, cuya sombra no deja crecer fácilmente la grama.

Para convertirse en una real y fuerte alternativa política partidaria se necesita sobre todo una sólida y amplia organización territorial; robustos recursos financieros y humanos; y un liderazgo, también individual o colectivo, con alta credibilidad, con conexiones neuronales bien estructuradas/dotadas, portador de un discurso de sólidos contenidos, ideas concretas y promesas realistas que devuelvan la ilusión y esperanza perdida. Es decir, un liderazgo lejos de la hueca palabrería populista y el maquillaje electorero que caracteriza los que se presentan como supuestos líderes redentores de una tercera vía.

El ímpetu que está cobrando la búsqueda de alternativas políticas también alcanza los esfuerzos que vienen haciendo algunos candidatos no partidarios, así como los esfuerzos que internamente llevan a cabo algunos dirigentes dentro al menos uno de los partidos existentes.

Las condiciones están dadas para que todos esos esfuerzos ciudadanos o partidarios puedan iniciar un proceso de ruptura de ese bipartidismo polarizante y estéril que tenemos. Y con ello avanzar hacia la modificación/renovación de este sistema político en descomposición.

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