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Alto riesgo

Un número creciente de salvadoreños no ve un futuro prometedor en el país. El desaliento ciudadano no se expresa abiertamente debido, entre otros factores, al efecto que tienen en la opinión pública las millonarias campañas mediáticas que desarrollan los gobiernos de turno.
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Por otra parte, la injerencia partidaria y la dispersión en el accionar de las organizaciones sociales obstaculizan la construcción de una agenda ciudadana. Esta limitación de la sociedad civil también condiciona su incidencia en la gestión pública.

Este escenario comunicacional plantea dos puntos neurálgicos: (1) los paladines del mercado (neoliberales) y los defensores del gobierno (neoestatistas) dominan la agenda nacional, y (2) la sociedad civil sigue sin tener suficiente peso para influir en el poder público. Consiguientemente, la hipótesis es que los verdaderos “ninis” son los representantes del mercado y del Estado, quienes ni abordan los problemas estructurales ni logran un entendimiento básico para sacar adelante al país.

La actitud colectiva habla por sí sola. Tres de cada diez compatriotas han decidido emigrar y un alto porcentaje de los que viven en El Salvador ha optado por desvincularse de la realidad nacional, depositando el destino del país en manos de dirigentes y burócratas partidarios. Lo contradictorio del desencanto ciudadano es que se le deja la vía libre a las cúpulas partidarias para que controlen el aparato estatal. En otras palabras, da la impresión que incontables salvadoreños prefieren declararse “ciegos, sordos y mudos”.

El riesgo de esta actitud colectiva es que la “ola neopopulista” termine de hundir a El Salvador. Señales a nivel mundial: (1) el referendo en el Reino Unido indicó abandonar la Unión Europea y la idea-fuerza ganadora encubrió el efecto económico de esa decisión; (2) Donald Trump simboliza polarización y racismo, y amenaza en convertirse en presidente de EUA; (3) Marine Le Pen avanza con un discurso radical de soberanía en Francia; (4) “Unidos Podemos” ha aprovechado el malestar de miles de españoles; (5) el gasto público desmedido ha complicado a varios gobiernos latinoamericanos; (6) el sandinista que prometió acabar con el presidencialismo se aferra al poder en Nicaragua. En resumen, el neopopulismo de derechas e izquierdas se expande globalmente por la comunicación rápida y emotiva.

El neopopulismo amenaza a El Salvador. ¿Por qué? Debido a que hay señales que sugieren que está emergiendo: (1) los gobernantes hacen que los gastos públicos crezcan más que los ingresos a través de préstamos (insostenibilidad fiscal); (2) los dirigentes y partidos políticos enmarcan el tema de las finanzas públicas dentro de la polarización ideológica; y (3) las elecciones 2018 y 2019 pueden postergar la sinceración financiera con los contribuyentes. Por ello, conviene que la sociedad civil se enfoque en asuntos estratégicos, por ejemplo: (a) educación de calidad, (b) ampliación de oportunidades de inversión y empleo, (c) aplicación de la ley y persecución y castigo del delito, y (d) sanidad fiscal. Esto es clave para contrarrestar la retórica electoral y el cortoplacismo.

Conclusión: la ciudadanía debería aprender de otras experiencias, participar e incidir en el destino del país. El Salvador reúne las condiciones requeridas para que el neopopulismo penetre con fuerza demoledora. Consecuentemente, el accionar responsable e inteligente de la sociedad civil, el círculo académico y los medios de comunicación son el mejor rompeolas para reducir semejante riesgo.

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