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Álvaro Magaña

El Dr. Álvaro Magaña fue sumamente inteligente, hábil y, en mis recuerdos, respetuoso de la dignidad e identidad de las personas, dentro y fuera de su entorno. Un excepcional conciliador y facilitador de acuerdos (Pacto de Apaneca, p.e). Casado con una gran señora, doña Concha Marina Granados de Magaña, digna ex primera dama de nuestro país, persona y madre ejemplar.
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Recuerdo anécdotas que viví en el Banco Hipotecario, donde trabajé 18 años, unos 15 bajo el mando del doctor Magaña. Me regañó en muchas ocasiones, razonadamente, ya que yo había cometido errores para él imperdonables. Unas de ellas estuvieron relacionadas con la pulcritud y el respeto sagrado que él tenía en cuanto a la identidad, nombre y dignidad de las personas, países e instituciones.

Yo colaboraba en redactar las memorias anuales del banco. En una ocasión, en la parte introductoria, mencioné al país del norte como Estados Unidos de “Norteamérica”. El doctor me llamó y me dijo que por ningún motivo, en documentos oficiales del banco, empleara nombres románticos sino los nombres oficiales. En este caso, el nombre correcto y oficial de ese país era Estados Unidos de América.

En otra ocasión giró invitaciones a todos los empleados para una celebración interna, pero la mía no me llegaba. Yo estaba ofendidísimo. El doctor Magaña delicadamente había mandado a investigar si realmente era mi nombre Jorge Roberto, ya que él pensaba que era José Roberto. Hasta pidió mi certificación de partida de nacimiento para luego corroborar que si era Jorge Roberto, como consignaban el sobre y el encabezado de la invitación.

En otro momento me pidió que le redactara una carta para un profesional a quien yo le puse, en el sobre y encabezado de la nota, su nombre y el título “licenciado”. Aquí cometí dos errores, uno que le puse licenciado al destinatario y otro que en la nota puse como firmante “Dr. Álvaro Magaña, Presidente”.

Me llamó y me preguntó que si yo estaba seguro que el título del destinatario era licenciado y no doctor, yo le tuve que confesar que no estaba seguro, por lo que me ordenó investigar. Además, me dijo, no me vuelva a poner en mis notas, como firmante, “Dr. Álvaro Magaña”, ya que es de muy mal gusto ponerse uno mismo sus títulos, ya sea en escritos o al contestar el teléfono. Siempre se identificaba como Álvaro Magaña y no Dr. Magaña. Debe saber, además, que es ofensivo ponerle a una persona un título que no tiene, aunque sea pensando en agradarla.

Es bien sabido que el doctor salvó de la quiebra a muchas personas y a otros les apoyó para iniciar sus proyectos existenciales y comerciales. Independientemente de sus afiliaciones y características.

Mi primer jefe en el banco fue el licenciado Jorge Sol Pérez, por quien también guardo un gran afecto y admiración, hasta la fecha. En ese momento Jorge era el brazo derecho del doctor Magaña y para todos sus colaboradores un excelente jefe y amigo. Igual que el doctor, sentía tanto respeto por la dignidad de los demás.

Le conocí al Dr. Magaña como presidente del banco, presidente de la República, miembro de la junta directiva del Banco Central de Reserva y como autor de muchos libros de densa sabiduría, en los campos de las políticas económicas: monetaria, crediticia, financiera y fiscal. Y otras sectoriales y comerciales. Además de abogado era economista y un estudioso perseverante. Fue investigador riguroso y comprometido con el bienestar de los salvadoreños y salvadoreñas. ¡Que el doctor Álvaro Magaña descanse en paz!

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