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América Latina 2020. Democracias irritadas, malestar social y enojo con la política

Frente a estos "tiempos nublados" (Octavio Paz), los mandatarios tendrán que concentrar su energía en oír mejor a sus sociedades, reformar los sistemas políticos para revertir la crisis de legitimidad que les afecta.

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Daniel Zovatto

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América Latina cerró un convulso y decepcionante 2019, sacudida por una ola de estallidos sociales (Haití, Ecuador, Chile y Colombia), crisis políticas (choque de poderes en Perú y grave conflicto poselectoral en Bolivia) y con las dos principales crisis –Venezuela y Nicaragua– sin resolver. El crecimiento económico fue anémico: 0.1% promedio regional (CEPAL, 2019). La pobreza volvió a crecer (30.8%) y la reducción de la desigualdad se estancó e incluso en algunos países volvió a subir. En un buen número de países existe un profundo malestar con la política y de desconfianza con las élites aunado a mandatarios débiles, con baja popularidad e insuficiente apoyo en los Congresos.

El contexto global agrega más incertidumbre e inestabilidad. En palabras del secretario general de la ONU, Antonio Guterres: "Estamos viviendo en tiempos peligrosos, las tensiones geopolíticas están en su nivel más alto, y esta turbulencia está aumentando".

Por su parte, el reciente informe de Eurasia nos alerta que "el mundo está entrando en una recesión geopolítica cada vez más profunda, con una falta de liderazgo global como resultado del unilateralismo estadounidense, una erosión de las alianzas lideradas por los Estados Unidos, una Rusia en declive que quiere socavar la estabilidad y la cohesión de los Estados Unidos y sus países. aliados y una China cada vez más empoderada bajo un liderazgo consolidado que está construyendo una alternativa competitiva en el escenario global" (Eurasia, Top Risks for 2020).

Como era de suponer, este tenso escenario geopolítico, agravado por las guerras comerciales y la falta de inversión, determina que la economía mundial, con cifras recientes del BM, haya crecido, en el 2019, a su menor ritmo desde que salió de la recesión: 2.4%. Y, la perspectiva para el 2020 es igualmente preocupante: 2.5%. El FMI es ligeramente más optimista: proyecta un crecimiento global de 3.3%.

En esta volátil coyuntura internacional destacan, por su impacto directo en nuestra región, el juicio político a Trump y la búsqueda de su reelección el 3 de noviembre; las tensiones comerciales entre EUA y China (de momento bajo control); y la puesta en marcha del Brexit, sin descartar la aparición de algún "cisne negro" como estamos observando con la actual crisis provocada por el coronavirus.

Una región ideológicamente fracturada

Es en este escenario, caracterizado por "democracias irritadas" (Innerarity), bajo crecimiento económico, malestar social, enojo ciudadano y una gobernabilidad crecientemente compleja, en el que la región ingresa a un nuevo año y a una nueva década.

América Latina no es la misma que al inicio de la década pasada, cuando estaba dominada por la centroizquierda o la izquierda del ALBA, sobre todo en Sudamérica. Pero en ella tampoco se imponen, de modo exclusivo, los gobiernos de centroderecha o derecha. Ni giro conservador absoluto pero tampoco regreso pleno del progresismo. La región emerge del maratón electoral 2017-2019 fracturada ideológicamente, sin una tendencia dominante, con ciclos electorales más cortos y por ende con mayor alternancia.

Observamos, en las urnas, un claro voto castigo hacia los partidos oficiales, y un fuerte reclamo a los gobiernos en la calle. De las 14 elecciones celebradas durante el rally electoral –excluyo a Bolivia cuya elección fue anulada– en nueve ganó la oposición. Son los oficialismos, con independencia de su signo ideológico, los que están –y continuarán estando– contra las cuerdas.

¿Qué escenario regional prevalecerá en el 2020? Anticipo uno igual o incluso más turbulento que el vivido en 2019. El crecimiento económico, si bien superior al de 2019, seguirá siendo mediocre y uno de los más bajos del mundo: 1.3% promedio regional (CEPAL 2019), una cifra insuficiente para responder a las crecientes demandas de la clase media, evitar el aumento de la pobreza y de la desigualdad, y garantizar la creación de empleos de calidad. Con bajo crecimiento, baja inversión y alto riesgo político e inestabilidad creciente, la región arriesga sufrir una segunda década perdida.

La agenda electoral 2020

La agenda electoral regional será menos intensa que la de los dos últimos años pero no por ello menos importante en un contexto de alta polarización, volatilidad e incertidumbre. Habrá únicamente dos elecciones presidenciales: en Bolivia (3 de mayo) y en la República Dominicana (17 de mayo).

Las elecciones bolivianas serán la repetición del fallido proceso electoral del 20 de octubre de 2019, cuyas graves irregularidades precipitaron una fuerte movilización ciudadana y un golpe de Estado disfrazado de "sugerencia" que forzó la salida de Evo Morales y la llegada del gobierno interino de Jeanine Añez. El MAS podrá participar pero no así Evo. El expresidente, en su calidad de refugiado en Argentina, ocupa el papel de jefe de la campaña electoral del MAS que acaba cuya fórmula presidencial la encabezan el exministro de economía Luis Arce y el excanciller David Choquehuanca. La oposición al MAS, en cambio, de momento está muy fragmentada, con más de seis candidatos –y podrían llegar a ser aún más–, entre los que destacan, la actual presidenta interina Jeannine Añez, los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Quiroga, y los líderes cívicos Luis Fernando Camacho y Marco Pumari.

En la República Dominicana, el oficialista PLD, que lleva en el poder cuatro períodos seguidos, buscará continuar cuatro años más de la mano de su candidato Gonzalo Castillo. La pelea entre el presidente Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández produjo la fractura del PLD y la candidatura presidencial de Fernández con un nuevo partido (PTD); división que aumenta la posibilidad de un triunfo del opositor PRM encabezado por Luis Abinader.

La agenda se completa con las elecciones extraordinarias para elegir el nuevo Congreso peruano (este domingo) y las legislativas venezolanas (sin fecha definida aún), dirigidas a renovar por completo la nueva Asamblea Nacional. En México, en 2 de los 32 estados habrá elecciones: en Coahuila (Congreso local) y en Hidalgo (municipal). Varios países tendrán elecciones locales entre ellos Costa Rica, República Dominicana, Uruguay, Paraguay y Brasil. Chile tendrá un año electoral intenso con un plebiscito, el 26 de abril, para decidir si los chilenos desean o no una nueva Constitución y bajo qué mecanismo, y de ganar la opción del sí, en octubre, junto a las elecciones locales y de gobernadores regionales, se elegirán los nuevos constituyentes.

¿Cómo navegar en las turbulentas aguas del 2020?

2020 será otro año desafiante para los gobiernos latinoamericanos como podemos observar a la luz del reciente "golpe al parlamento" perpetrado por el régimen autoritario de Maduro en contra de la oposición liderada por Juan Guaidó.

El contexto regional continuará siendo complejo, caracterizado por alta incertidumbre y conflictividad social y política. Para Fiona Mackie, directora del mapa de riesgo de inestabilidad de The Economist 2020: "América Latina es una bomba de tiempo esperando estallar". Según este estudio, los países más vulnerables a sufrir una crisis durante el presente año son: además de Venezuela y Haití, Nicaragua, Guatemala, Brasil, Honduras, Chile, México y Paraguay.

Una economía con bajo crecimiento y alta desigualdad, el desacople entre expectativas ciudadanas y resultados, y un sistema político deslegitimado es una combinación letal para los oficialismos. Las sociedades están hoy más conectadas vía las redes sociales, son más exigentes, tienen menos paciencia con sus mandatarios y están descubriendo que logran más reformas en la calle que por medio de los canales institucionales.

Frente a estos "tiempos nublados" (Octavio Paz), los mandatarios tendrán que concentrar su energía en oír mejor a sus sociedades, reformar los sistemas políticos para revertir la crisis de legitimidad que les afecta, recuperar la confianza de sus ciudadanos y aprender a gobernar en un contexto de alta complejidad e incertidumbre. Tendrán que responder de manera oportuna y efectiva, a la mayor presión proveniente de los sectores medios quienes demandarán con fuerza bienes públicos universales de calidad y medidas que garanticen movilidad social ascendente. Deberán ofrecer, asimismo, soluciones democráticas a los problemas de la democracia, mejorar la calidad de la misma, aumentar su resiliencia y afianzar la gobernabilidad para evitar una peligrosa escalada de fuerte retórica populista, que termine empeorando más aún la turbulenta y desafiante coyuntura regional.

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