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Ampliar y mejorar el debate nacional

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Oscar Manuel Batres B.

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La semana pasada comentamos el deterioro ético, moral e institucional que estamos sufriendo en el país; concluíamos que era necesario que la institucionalidad funcionara de acuerdo con el espíritu con el que los Acuerdos de Paz propiciaron reformas para tener instituciones fuertes e independientes.

Todas las semanas se revelan situaciones que generan preocupación y desconcierto. La semana pasada el Presidente del Banco Central de Reserva reveló a los Diputados que el Gobierno dispuso de $1,600 millones de dólares en los primeros 100 días de la pandemia; el equivale a $15 millones diarios. El Presidente Bukele y la propaganda oficial achaca a la Asamblea que no le han dado recursos suficientes. La reacción oficial a esas explicaciones fue la "renuncia por razones personales" que puso el funcionario al día siguiente. Cuando se miente de esta manera, y los funcionarios se oponen a la transparencia y la rendición de cuentas, se generan las inquietudes sobre qué podrán estar ocultando.

El problema es que la ciudadanía es indiferente a los comportamientos y los hechos observados. Los resultados de la Encuesta de la Universidad Francisco Gavidia demuestran simpatía con el liderazgo que lo provoca y estimula. La propaganda gubernamental y las mentiras en el discurso oficial, ha sido capaz de impedir que la población tome conciencia de cómo la corrupción, la falta de transparencia, las negociaciones clandestinas con las pandillas, la falta de respeto a la institucionalidad y la amenaza de vivir bajo un régimen autoritario afecta sus vidas.

Esto hace necesario la unión de todos los sectores nacionales para detener e impedir que el deterioro se siga profundizando, con todas las secuelas que tiene para nuestro desarrollo. La situación del país requiere ampliar con la participación de todos el debate nacional para conocer la verdad sobre la situación nacional, y exigir una gestión gubernamental mas responsable y transparente.

En los medios de comunicación, principalmente la radio y la televisión, se debe divulgar y promover la búsqueda de la verdad. Enriquecer el conocimiento de los problemas nacionales. En los programas de opinión abundan los espacios concedidos a funcionarios públicos que llegan a repetir los mensajes de la propaganda oficial, y algunos conductores no muestran la capacidad para contrastar las respuestas recibidas con datos de otras fuentes. La ciudadanía merece recibir mejor información sobre la realidad nacional con análisis serios, objetivos e independientes. Que se le explique cómo está el país con relación a otros países.

La prensa escrita y los medios digitales merecen un reconocimiento especial; el resultado de sus investigaciones marcan la agenda nacional. En otras oportunidades hemos comentado que muestran mayor capacidad y compromiso que las instituciones oficiales encargadas. Por eso están sometidos al asedio oficial, y por eso también la comunidad internacional ha reaccionado para alentarla y defenderla. La plena libertad de expresión es fundamental para sostener y fortalecer un régimen democrático.

Las organizaciones de la sociedad civil constantemente están exigiendo a las instituciones de control que muestren mayor protagonismo y compromiso para investigar tantos hechos denunciados. El ultimo pronunciamiento fue a través de una Carta Abierta que dirigieron a la Fiscalía General de la Republica once organizaciones civiles en el que expresaron su preocupación por el desempeño que está teniendo la Institución ante las constantes violaciones al estado de derecho y las sospechas de corrupción en las altas estructuras gubernamentales. Ninguna respuesta relevante han dado ninguna de las instituciones. Es lamentable.

Las Universidades deben desempeñar un mejor papel para analizar la realidad nacional y la conducción del país. Con excepción de la UCA, la ESEN, la Universidad Tecnológica y la Universidad Francisco Gavidia el resto de las universidades poco contribuyen a la formación de una conciencia crítica que debe haber en los estudiantes y toda la sociedad para exigir una atención más responsable a los problemas nacionales. Las universidades deben ser centros de estudio y de investigación; por eso debemos ver mayores frutos de ese papel en el debate nacional. La Universidad Nacional antes fue un referente de la comunidad universitaria, hoy es una institución deslucida y desconocida.

La Iglesia católica ha perdido el protagonismo que tuvo en otra época para defender enérgicamente los intereses ciudadanos, ser una voz con autoridad para denunciar y condenar los abusos, negligencias y atropellos ciudadanos, y ser un actor relevante en la discusión de los problemas nacionales. Muchos de los problemas sociales que antes se denunciaban siguen vigentes y se han venido profundizando. No hay razón para que se haya vuelto tan impasible. El Papa Francisco en 2017 les decía a los sacerdotes en Medellín que "el veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulación y el abuso al pueblo, a los frágiles, no pueden tener cabida en nuestra comunidad". Fue enfático al decir, en esa misma ocasión, que la Iglesia no necesitaba pastores "con cara de estampita". Esas palabras y el ejemplo de los mártires nacionales debe inspirarlos a desempeñar un papel diferente.

Estamos en la antesala de unas elecciones cruciales en 2021 para el avance de nuestro sistema democrático. El Presidente Bukele en su discurso del 15 de Septiembre dijo que después de esas elecciones terminaría el bloqueo que le ha impedido desarrollar su agenda. Lo que necesitamos es fortalecer la democracia. Ampliar y mejorar el debate nacional. Tener una Asamblea fuerte y pluralista.

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