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Anhelada transformación

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Nathalie Schwartz / Economista

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El caso de Imelda Cortez, que está dando la vuelta al mundo, es un ejemplo vergonzoso y una tragedia representativa del modelo donde los más vulnerables son traicionados por un Estado injusto. Imelda Cortez, joven violada desde que tenía 12 años, enfrenta prisión desde abril de 2017 por haberse desmayado pariendo una niña, que está viva. El Estado falló en proteger a Imelda y convirtió arbitrariamente su estado de víctima al de victimaria. Enfrenta posiblemente cargos por 20 años.

La ley se debería aplicar a todos por igual, pero en El Salvador no es así. La corrupción en todas sus aristas y los delitos de cuello blanco quedan casi en total impunidad cuando el más vulnerable, constantemente desamparado por el Estado, es violentado una y otra vez. Dejando en claro que en el país existen dos tipos de justicia: la justicia despiadada con puño de acero para los vulnerables (que son la mayoría) y la justicia impune o con guante de seda. Un país con un sistema judicial que funciona según la conveniencia y la connivencia.

Muchos casos ilustran el nivel de injusticia social en el país. Vivimos en un modelo muy desigual que produce mucha violencia, exclusión y una desesperanza cada día mas grande en la mayoría de la población.

A lo largo de los años, los sucesivos gobiernos siguen reproduciendo el mismo modelo, con retoques cosméticos muy superficiales a pesar de la necesidad de un cambio contundente y estructural. Dejando en el olvido la profunda y necesaria transformación para poder vislumbrar a futuro un modelo más humano, solidario y digno para la mayoría.

Es de esperar que el próximo gobierno sea un gobierno realmente transformador. Que el binomio presidencial, así como su futuro gabinete, sea profesional, eficiente, preparado, competente y probo. Que las inversiones y el gasto público se rijan por criterios de justicia social y que la ley se aplique a todos por igual.

Pero esta transformación no vendrá únicamente del Ejecutivo sino también del Legislativo. En 2021, votar no solamente por candidatos diferentes y más progresistas de los partidos tradicionales, sino también por candidatos de nuevos partidos ya formados o en formación (Vamos, Nuestro Tiempo) y por candidatos independientes (así como Leonardo Bonilla). Para que la mayoría de los diputados dejen de obedecer a intereses partidistas, privados y oscuros que siguen replicando el mismo modelo una y otra vez. Para que la futura Asamblea Legislativa reforme leyes y no deje que leyes tan indispensables tales como la Ley de la Función Pública, la Ley General de Aguas, la Ley Especial de Vivienda de Interés Social sigan engavetadas porque no son "convenientes". Para que las elecciones de segundo grado no sigan siendo experiencias mezquinas de reparto de cuotas y finalmente para votar por un Presupuesto General de la Nación que permita esa tan anhelada transformación.

Necesitamos un Estado facilitador y potenciador de las capacidades de cada ciudadano. Una adecuada gestión de los recursos para proveer servicios públicos de calidad en educación, salud, hábitat digno, protección del medioambiente y para salir de la terrible violencia que acecha al país. Asimismo, impartir una justicia más humana para evitar casos vergonzosos como el de Imelda Cortez.

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