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Año Nuevo con María

Todos deseamos, ante todo, un nuevo año 2017 lleno de las gracias y de las bendiciones de Dios. Que este año, Dios sea el centro de nuestra vida. Que en todo momento vivamos nuestra unión con Él. Que Él sea nuestro apoyo y nuestra fuerza.
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Que este año que empezamos nos esforcemos por hacer que el Reino de Dios se vaya haciendo presente en medio de nosotros y de los demás a través de un esforzarnos sinceramente por vivir en paz, en armonía, con espíritu de Caridad.

Todos podemos hacer que nuestra familia, nuestro trabajo y que todos aquellos ambientes en los que se desarrolla nuestra vida sean verdaderamente humanos y fraternos. Todos podemos hacer algo para poder vivir de acuerdo con el plan de Dios.

La Iglesia comienza el año con una celebración muy especial: La Solemnidad de santa María la Madre de Dios. Es la fiesta de las fiestas de la Santísima Virgen. El origen de todas las gracias y privilegios que recibió María es su Maternidad Divina.

Dios la hizo llena de gracia, quiso que fuera inmaculada desde el primer momento en el que fue concebida, le concedió la gracia de la perpetua virginidad, la llevó al cielo en cuerpo y alma por una sencilla razón: porque la había escogido para ser la Madre de Cristo nuestro Salvador.

Todas las gracias que encontramos en María son dones que Dios le concedió. No hay en ella nada que venga de ella misma. Por eso es que decimos que la primera persona que recibió de una manera superabundante las gracias de la Redención fue la Santísima Virgen.

María es, pues, la persona que se nos propone como un modelo para nuestra vida al comenzar el nuevo año. Ella es la Luz que nos debe alumbrar en nuestro diario caminar para vivir esta nueva etapa de nuestra vida de una manera agradable a Dios.

María no solamente fue la primera redimida, sino que fue también la persona que ha estado más íntimamente unida a Cristo. Por eso, si nuestra vida cristiana es fundamentalmente vivir nuestra unión con Cristo, el modelo más perfecto que nosotros podemos imitar para vivir esta unión con Jesús es la Santísima Virgen.

Toda nuestra vida cristiana está fundamentada en la Fe. María es el modelo de lo que debe ser nuestra Fe. Ella no solamente aceptó todo lo que Dios le dijo y le pidió, sino que también supo vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

María necesitó mucha Fe para reconocer en su Hijo al Hijo del Eterno Padre. Necesitó mucha Fe para aceptar los acontecimientos. Necesitó mucha Fe para mantenerse firme en medio de los acontecimientos, de las dificultades y por fin al pie de la Cruz.

La Fe, en María, siempre estuvo acompañada de la Obediencia. La expresión más clara de su Fe la encontramos cuando, ante el anuncio del Ángel Gabriel, responde generosa y confiadamente: «Hágase en mí, según tu Palabra».

Toda su vida fue el hacer realidad este «Hágase» que pronunció en la Encarnación. No solamente fue un decir una palabra hermosa en un momento especial, sino que mantuvo esta palabra a lo largo de toda su vida. Lo mismo en el hogar de Nazaret que al pie de la Cruz.

Pidamos a santa María, Madre Dios y también madre nuestra, que nos ayude a vivir muy pegaditos a su Hijo. Para ello, el camino más corto y agradable es por medio de Ella.

Hagamos el propósito de vivir mejor todas las devociones marianas: el Santo Rosario, el Ángelus, las tres avemarías antes de acostarnos,...

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