Año nuevo: temas para reflexionar y actuar

En el pueblo donde yo nací y durante mi niñez, circulaba una especie de “leyenda urbana” –de la cual hacía eco hasta mi santa madre– que relataba que durante los primeros días de enero, aparecían invariablemente señales de hechos lamentables que ocurrirían en el resto del año. Cierto o no, el hecho es que el nuevo año ha comenzado con eventos que, por sus propias características, pueden ocasionar males mayores y, en una interrelación nociva, desencadenar verdaderas catástrofes a nivel planetario.
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Conmoción en los mercados bursátiles mundiales y riesgos de contagio en la economía real derivados del comportamiento de la economía china; agravamiento de la situación en el Oriente Medio ahora potenciada por los episodios entre Arabia Saudita y la República Islámica de Irán; migraciones incontenibles, el nuevo experimento nuclear en la empobrecida Corea del Norte, la profundización del terrorismo motivado por el fanatismo religioso, los pronósticos de la NASA sobre los daños más severos que ocasionará el fenómeno de El Niño y, vaya paradoja, hasta la caída en picada de los precios del petróleo, son, entre otros, casos que han marcado los primeros días de 2016, haciéndonos recordar los temores y ansiedades de que eran presa nuestros padres y abuelos, cuando la racionalidad científica y tecnológica cedía espacios a lo fantasmagórico y la charlatanería.

Pero hoy los hechos están ahí y, como la mundialización económica, financiera tecnológica, pueden globalizarse, profundizando y extendiendo sus efectos con consecuencias devastadoras. Las inundaciones en el Cono Sur, en grandes extensiones de Estados Unidos, Europa y Asia y las sequías prolongadas en otras regiones son solo un ejemplo anticipado de lo que sería la reciente cumbre de París sobre el cambio climático, precedida justamente del atentado terrorista que sacudió a la Ciudad Luz.

Pero no vayamos muy lejos, ni minimicemos las consecuencias que puede tener en la convivencia y en las relaciones entre nuestros países, la conmoción que está causando el gobierno tirano e ilegítimo venezolano. La democracia, como forma de vida de las naciones civilizadas y prósperas, está siendo virtualmente atropellada, por no decir aniquilada, por un régimen que se niega a respetar al soberano. Y así como están planteadas las cosas por estos días, todo apunta, Dios no lo quiera, a un nivel de confrontación que puede culminar en un baño de sangre de incalculables proporciones, afectando incluso a los países vecinos. El origen: el rechazo de la voluntad popular a un sistema económico y político que, para desgracia nuestra, es admirado y defendido por el partido que gobierna a los salvadoreños.

Esto último me permite aterrizar en nuestro escabroso terruño. Comenzamos el año con un repunte espantoso de la delincuencia, con la expulsión de muchos compatriotas que fueron en busca del sueño americano y con expectativas de crecimiento económico, que si ya eran muy pobres, hoy se ven agravadas por la posible ralentización de la economía mundial.

La última cena de 2015 y el primer desayuno de 2016 –en el supuesto que todos nuestros hermanos tuvieron la dicha de saborear aunque sea un bocadillo de pan– se traslaparon, dando cuenta de la conducta amañada de los diputados que votaron por una Ley de Probidad, que en vez de cerrar las puertas para la corrupción, le dan vía libre, en una movida no disimulada de mantener impunes supuestos actos de corrupción muy recientes y de bulto, y, de paso blindar a futuros depredadores que ahora podrán con mayor libertad cometer sus fechorías. En este caso la mayoría esperaba una respuesta consecuente del presidente Sánchez Cerén, para al menos intentar darle crédito a la palabra de ciertos dirigentes del FMLN de que en el partido no hay corruptos, ni que se tolerará que los haya. Empero, seguramente la SC les mandará a los responsables de estos actos bochornosos una nueva lección de ética política y de moralidad en el ejercicio de la función pública.

Para terminar, podemos decir que dentro de la moderna leyenda urbana, por lo menos iniciamos el año con la elección del nuevo fiscal general, aunque ya algunos ven con cierta sospecha la casi unanimidad de la decisión. Personalmente, prefiero esperar.

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