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Ante el triunfo del descontento: renovarse o morir

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Roberto Rubio-Fabián

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Siempre condicionamos desde estas páginas los resultados electorales a un factor del que sabíamos que existía, pero del cual no conocíamos su amplitud y profundidad: el descontento. Si este era muy fuerte, las posibilidades de triunfo de Bukele eran mayores, caso contrario lo eran menos. Tenemos que reconocer que no nos imaginamos que el descontento fuera tan grande y variado como para que Bukele ganara en primera vuelta. Un descontento tan intenso como para dejar atrás a dos buenos candidatos rivales; tan extendido como para catapultar a un candidato que provenía del mismo sistema que criticaba; tan marcado como para no afectarle las serias acusaciones que se le achacaban.

Bukele supo canalizar con éxito gran parte de ese descontento: el de los que se sintieron marginados por el sistema, el de los convencidos de que los partidos que han gobernado no les solucionaron sus graves problemas, el de los que perdieron la esperanza, el de los resentidos por no ser tomados en cuenta, etcétera. El descontento triunfó; haya sido este el del casi millón y medio que votó, o el de los más de dos millones que no votaron y "castigaron" con su indiferencia.

Para enfrentar ese descontento con acierto había que ser diferente, realmente distinto para no dejarse arrinconar en la esquina de "los mismos de siempre". ARENA, y sobre todo el FMLN, no supieron o quisieron interpretar bien lo que sentía buena parte del alma nacional. No bastaba tener candidatos diferentes... había que tener partidos diferentes.

No sabemos qué va a pasar con esos dos importantes partidos. Lo que sí sabemos es que si no se renuevan tarde o temprano tenderán al enanismo político. Como afirmé en 2014 en estas mismas páginas a raíz de las elecciones presidenciales pasadas: "nuestro anquilosado sistema político avanzaría muchísimo si los principales partidos políticos hicieran su exorcismo, es decir expulsar los demonios que les impiden desarrollarse como partidos modernos y democráticos... hay que ponerle la cruz al demonio de la corrupción, al clientelismo político, a las alianzas basadas en el reparto de favores e instituciones, el nepotismo. Durante años se fue tolerante con estos males, y ahora deben condenar sin piedad estos pecados". No lo hicieron, y ahí están las consecuencias.

El país necesita partidos fuertes, no importa su signo político, pero que sean abiertos y democráticos, menos verticales y clientelares, menos corruptos, más cercanos a los intereses de sus representados y más alejados de sus mezquinos intereses particulares, más sometidos a la ética que al pragmatismo político. Los partidos que quieran sobrevivir al descontento (incluido Nuevas Ideas debido al lastre que le representará GANA), si no quieren ser tragados por ese descontento deben contribuir a hacer del hemiciclo legislativo un lugar de sensatas y transparentes negociaciones, y no un lugar de componendas y contubernios. Ahora su consigna debe ser ¡renovarse o morir!

Si ARENA y el FMLN quieren seguir siendo una importante fuerza y alternativa política, tienen que resetearse y saber expulsar con sabiduría esos demonios, comenzando con reconocer sus pecados, y pidiendo perdón por ellos. También necesitan un liderazgo fuerte y dinámico, individual o colectivo, para impulsar el cambio dentro de sus partidos. ¿Tendrán la voluntad y el liderazgo para hacerlo? No lo sé. Tengo la esperanza que alguno de ellos lo haga... o que nazca algo nuevo y prometedor.

Tags:

  • descontento
  • Bukele
  • marginados
  • ética
  • liderazgo

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