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Ante la expansión de la economía mundial

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Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Cuál es la causa de que la economía crezca tan poco, preguntan siempre en todas sus reuniones los organismos internacionales cuando vienen los equipos técnicos en misión a El Salvador. Es el mal clima de negocios que limita la inversión al crear incertidumbre y obstáculos para hacer negocios, es la respuesta de algunos; es el poco crecimiento de la productividad responden otros, lo cual, hasta cierto punto, es una tautología; es la dolarización indican unos más. Pero la verdad es que no existe ningún estudio en mi conocimiento que sea convincente teórica y empíricamente de cuál es la causa fundamental, ni siquiera de parte de los organismos internacionales mismos, de por qué El Salvador crece poco.

El hecho real es que comparado con sus pares en la región, hace décadas que crece mucho menos. De 1996 a la fecha, exceptuando los años de mayor impacto de la crisis financiera internacional, el promedio simple de crecimiento no ha superado 2.5 %. Mientras al mirar de reojo a la región las cifras promedio se encuentran arriba de 4 %.

En las dos décadas después del conflicto probamos el libre mercado, la apertura comercial y la simplificación impositiva para crear oportunidades; y en la última probamos el camino del cambio: para crear las bases de una sociedad democrática, incluyente y equitativa. La construcción del libre mercado contribuyó al auge económico de los primeros cinco años después de finalizada la guerra, después el crecimiento económico fue el indicado antes; y con el camino del cambio, la sociedad ni es más incluyente ni más equitativa.

En todos estos años el país ha experimentado choques negativos y positivos al igual que la región. Ha habido terremotos, aumento desmedido de precios de combustibles, pero también remesas, aumento de precios de bienes primarios y desarrollos importantes como la maquila y la modernización de telecomunicaciones y de la economía de la información, pero la economía sigue pausada.

El rápido crecimiento de la economía mundial en la década pasada, hasta que se frenó con la crisis financiera internacional en 2008, impulsó el crecimiento para otras regiones. Nosotros no logramos mucho de ese impulso.

Hoy nuevamente la economía mundial está repuntando, las políticas económicas en los países desarrollados se están redefiniendo para estar más orientadas a entornos de rápido crecimiento, la reunión reciente de Davos así lo muestra, como también los informes de los organismos internacionales. Estamos entrando a una expansión económica mundial y de cambio tecnológico acelerado, no sin sus riesgos por las tendencias geopolíticas.

¿Cómo aprovecharemos este impulso internacional en los próximos años? Dependerá de lo que hemos hecho en el pasado y, por supuesto, de lo que hagamos a partir de ahora. En el primer aspecto, la base productiva no ha sido fortalecida con inversión en los años anteriores. Debido al lento crecimiento económico prolongado en las décadas pasadas, tanto la inversión privada como la pública no han sido suficientes para disponer de una base productiva que potencie hacia el interior la dinámica de su entorno internacional.

Hacia delante debemos pronto superar la excesiva preocupación por las finanzas del Gobierno y concentrarnos en focalizarnos en las políticas de inversión que se requieren para recuperar el dinamismo económico que a todos nos hace falta.

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