Antena parabólica Dediquémosle empeño a la esperanza

En nuestro ambiente, lo que ahora mismo prevalece es el desconcierto, alimentado por el desencanto, que es producto directo de la desesperanza.
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Una camándula de factores que impactan muy negativamente contra los esfuerzos en pro del progreso y de la seguridad. Entre las muchas crisis que nos afectan, la crisis de confianza en el país como sujeto histórico viable y confortable es de seguro la más erosiva. Y dicha crisis está directamente vinculada con la crónica pérdida de autoestima nacional, cuyos efectos ácidos se derraman en todo. El panorama anímico es entonces el menos propicio para alentar los impulsos del desarrollo. Y es que si las sensaciones prevalecientes son tan negativas, el ánimo de crecer y de prosperar paga la factura. Tenemos que activar los combustibles de la esperanza. ¿Pero cómo? Para empezar, con dos estímulos convergentes: el anímico y el social. La sociedad necesita desplegar imágenes positivas y vitales de sí misma, que hagan que los seres humanos que la componen puedan tener fe en sus energías y en sus proyecciones; y, por otra parte, las realidades del ambiente deben hacerse sentir como reales espacios de oportunidad. La esperanza necesita cultivo. Tierra propicia, fertilizantes efectivos, augurio de buenas cosechas... La esperanza se trabaja, como todo lo vivo en acción.

Tags:

  • esperanza
  • realidad
  • autoestima
  • humanidad

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