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Antena parabólicaCada minuto cuenta

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Los seres humanos, aquí y en todas partes, en este momento como en cualquier otro momento, casi nunca nos ocupamos de lo que significa el paso indetenible de la vida. Porque entendámoslo de una vez: no es el tiempo el que pasa, sino el vivir personal y colectivo. Desde luego, asumir esa conciencia implica reconocer que lo que cada quien tiene disponible es una cantidad limitada de amaneceres y de atardeceres, para decirlo en clave solar. En otras palabras, cualquier cosa podemos darnos el lujo de perder, menos minutos, horas y días. Así llegamos al punto enunciado al inicio de este párrafo: cada minuto cuenta. Y si cada minuto cuenta lo natural es que le pongamos a cada minuto la atención que requiere y que demanda. Porque la vida no es simplemente un don gratuito que cumple su función de manera mecánica: es un compromiso que a cada instante verifica su propio desempeño. No sólo somos seres de respiración: desde lo más profundo somos seres de inspiración. Ahí está la clave de nuestro destino. Se trata, entonces, de que cada minuto de la vida reciba y proyecte la energía que le corresponde. Sólo de esa manera seremos capaces –cada quien a su estilo y conforme a sus circunstancias– de hacerle honor al inmenso beneficio de estar aquí, en el ahora irrepetible.

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