Antena parabólicaLey y realidad

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Una de las cosas más difíciles, en cualquier tiempo, lugar o circunstancia, estriba en conciliar la realidad con la ley, porque ésta es un marco objetivo, que se mantiene fijo en tanto no se cambie formalmente, y aquélla es un flujo que se va redefiniendo a cada paso conforme a los movimientos de lo existente. En un país como el nuestro, en el que nunca se ha tenido suficiente disciplina ordenadora, ni en lo personal ni en lo colectivo, la ley viene siendo una especie de fantasma siempre presente pero casi nunca actuante. Se ha dicho a lo largo del tiempo que aun la Ley Superior, que es la Constitución de la República, es papel mojado; y tal aseveración, ríspida e irrespetuosa, en verdad tiene mucho de razón en la práctica. Sin embargo, la evolución histórica trae también impulsos renovadores, y en la relación entre ley y realidad tales impulsos son hoy cada vez más notorios. Muchos de los problemas que se activan en el ambiente derivan de las resistencias a que la ley impere sobre la realidad, no para anularla sino, por el contrario, para vitalizarla. Vemos cómo la ley está saliendo poco a poco de sus calabozos tradicionales, y esa es una de las mejores noticias para el futuro. Si seguimos por esa vía lo que venga será sin duda mucho más vivible y compartible que lo que hemos tenido y aún tenemos.

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