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Antes de pasar a las definiciones concretas se hace indispensable establecer mecanismos de entendimiento que sean serios y realistas

Hay que decidirse a trabajar por el país, por su presente y por su futuro, poniendo todo lo que sea preciso para empujar el proceso nacional hacia sus metas realizables, que tienen multiplicidad de facetas y diversidad de rutas de movilización.
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Sobre todo en lo que se refiere a la problemática fiscal se vuelve cada día menos esquivable el hecho de que hay que tomar medidas inmediatas verdaderamente sustentadas y respetuosas del orden legal para solventar situaciones que ponen al sistema en riesgo de colapsar al menor descuido. El caso del financiamiento de las pensiones se ha vuelto dramático en los últimos días, precisamente porque la falta de un tratamiento serio y consensuado sigue conduciendo a buscar atajos de emergencia, que no sólo son altamente peligrosos en sí sino que ponen al sistema en su conjunto en más crisis de estabilidad y de credibilidad.

Lo que se ha tenido hasta la fecha en lo que corresponde a encaminarse hacia acercamientos que puedan pasar a entendimientos es una repetición difusa de encuentros intrascendentes, que al no conducir a nada significativo y sostenible van dejando una secuela de desconfianzas que multiplican las dudas sobre las posibilidades reales de pasar a una nueva fase en la que la cooperación eficiente sustituya a la conflictividad paralizante. Ya sabemos que el término “cooperación eficiente” produce urticarias en muchos, porque se le considera sinónimo de hacerle concesiones al adversario; pero en verdad se trata de lo contrario: de consolidar inteligentemente la propia posición, entendiendo que cuando la competencia existe hay que sacarle ventajas legítimas sin desnaturalizarla.

Como pasa en todo lo que es accionar humano, y desde luego también lo que es accionar político, económico y social, para habilitar acercamientos y entendimientos entre adversarios en primer término hay que acordar el plan de trabajo, que envuelve actitudes, voluntades, temáticas y procedimientos. Desafortunadamente, hay entre nosotros una firme resistencia a acatar dicha lógica, que no es posición de nadie sino manifestación de la naturaleza de los hechos. De entrada habría que contener las expresiones verbales en público, y sobre todo aquéllas que implican descalificación del adversario. Estar ventilando y calificando las cosas antes de que se concreten es la mejor manera de frustrarlas de antemano, ayudando así en forma gratuita a que los adversarios de toda posibilidad de armonía interactiva en el plano político salgan al paso para anular iniciativas.

Para enrumbarse en serio hacia los eventuales consensos en temas que inevitablemente los requieren es preciso que los actores involucrados tomen, cada uno por su cuenta, la efectiva decisión de avanzar hacia ahí. Lo básico, entonces, es la convicción compartida de que entenderse no sólo es posible sino insoslayable. En estos momentos hay un nuevo intento de llegar a acuerdos entre el Gobierno y el partido ARENA, y esperamos que prospere y siente las bases de una nueva y permanente forma de proceder.

Hay que decidirse a trabajar por el país, por su presente y por su futuro, poniendo todo lo que sea preciso para empujar el proceso nacional hacia sus metas realizables, que tienen multiplicidad de facetas y diversidad de rutas de movilización. La política debe dejar de poner barreras y de inventar escollos para dedicarse a habilitar salidas, como debe ser.

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