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Apologistas del colonialismo ideológico

Escudriñando entre recuerdos, llegué a mis primeras escuchas sobre oligarquía, represión, marginación, imperialismo, etcétera; eran días en que mi mente aún viajaba por mundos de juego y fantasías, muy lejanos a la realidad que más adelante comenzaría a entender...

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Sin duda, aquella confusión de ideas aceleró mi pensamiento hasta llegar a descifrar la fuente de sus conceptos –en ese nuevo mundo– se decía que la paz de los ricos terminaría con el inicio de la guerra de los pobres...

Luego comprendí que aquella nueva generación de mitos e historias sería la semilla para una cosecha de marxismo latinoamericano, versión criolla de las ideas de un europeo que aplaudió la dominación de las colonias, elogió la burguesía y no tuvo los elementos para entender lo que eran los pueblos oprimidos de América Latina.

Esas ideas cruzaron América, confundieron la existencia inca con el socialismo; cautivaron a Fidel, este al Che, luego el Che a Bolivia y Argentina y la cadena continuó. Se crearon héroes como Sandino y Farabundo, Luego Chávez reivindicó a Marx bajo la imagen de Bolívar... No imagino a Marx de piel morena, campesino e indígena...

El marxismo es foráneo, la revolución cubana no es más que una apología al colonialismo ideológico y al concepto europeo del antiimperialismo. Esa revolución fue en realidad el nacimiento de un imperio euro-tropical, cuyas murallas son el agua y la sal.

La ilusión de la igualdad, el bienestar y el concepto del “antiyanqui” buscó desde su inicio deslegitimizar a cualquier autoridad, presentándola como emisaria de un poder extraño, desligado del pueblo e incapaz de tomar sus propias decisiones. A la fecha, nuestra gente no comprende que la revolución lucha por un concepto europeo –desnaturalizando nuestra identidad– destruyendo las verdaderas raíces de nuestras culturas.

Para los afines al FMLN, pese a la verdad, Cuba y Venezuela son una maravilla. Presas del atontamiento ideológico y promesa de su reivindicación social, continúan creyendo en la santidad de sus nuevos opresores, ignorando su estatus de sumisión.

El socialismo latinoamericano es el espíritu de Fidel, maestro ideológico cuya gran victoria fue no haber sido derrotado por el imperialismo. Nunca se dieron cuenta de que convirtió a su pueblo en una tribu de dependientes enjaulados, cuya ventaja al no tener fronteras es determinante en el comportamiento pasivo de su gente.

Los revolucionarios latinoamericanos se enardecen entonando la canción de la unidad, ofrecen su nuevo amanecer menospreciándose a sí mismos mediante una enfermiza lucha de clases –convirtiendo al pobre en un instrumento de guerra– como un ofrenda para llegar al poder.

América Latina ha vivido diferentes arremetidas contra la democracia; antes con armas, hoy con mentiras, en ambas, manteniendo sobre el escenario el conflicto social –braza del mal que nos aqueja–. Estos viejos comunistas, antes idealista, buscan a toda costa convertirse en la nueva generación de dictadores.

En nuestro país la herencia de Marx es un debate pendiente; ese nefasto legado se mantiene en el centro de la escena, mediante una enfermiza e incansable lucha por el poder. Llegando a él, se desligan de la igualdad, abrazan la burguesía, reprimen y revelan su anhelo por regir nuestros destinos, como una colonia del imperio castrista, adoptando los males del pasado.

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