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Aprender, clave para el futuro de los jóvenes centroamericanos

...Sabemos que aprender es la verdadera clave para el futuro de los jóvenes, ya que permite que se adquieran los conocimientos necesarios para obtener empleos de calidad...
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Directora del Banco Mundial para Centroamérica ¿Sabían que, con cada año adicional de escolarización, los ingresos de una persona aumentan entre un 8 % y un 10 %? Esto significa que dejar la escuela tiene consecuencias sobre los individuos, ya que los hace más vulnerables a la pobreza, pero también sobre los países porque afecta su crecimiento. Es por ello que resulta fundamental invertir en prevenir la deserción escolar, un ámbito donde si bien América Latina y el Caribe ha logrado avances en los últimos años, todavía enfrenta retos. Según datos del Banco Mundial, uno de cada tres jóvenes en la región no alcanza el nivel secundario superior.

En Centroamérica estas cifras son todavía más altas, particularmente en las escuelas rurales, las zonas indígenas y los hogares de bajos ingresos. Según nuestro último informe sobre gasto público y social en el istmo, si bien el porcentaje de adolescentes que empiezan la secundaria es alto, muchos de ellos desertan antes de finalizar la secundaria baja (37 % en Guatemala, 42 % en Honduras y 43 % en Nicaragua) o la secundaria alta (un 53 % en Costa Rica, un 55 % en El Salvador y un 57 % en Panamá).

En términos de calidad también existen retos. De los 72 países y economías que participaron en la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de 2015, los 10 países participantes latinoamericanos obtuvieron puntajes por debajo del promedio para su nivel de ingresos.

Todo esto amenaza el aprendizaje. Y sabemos que aprender es la verdadera clave para el futuro de los jóvenes, ya que permite que se adquieran los conocimientos necesarios para obtener empleos de calidad. Dicho de otra forma, es el factor fundamental para generar oportunidades, poner fin a la pobreza y contribuir a que las brechas sociales se cierren.

A pesar de ello, garantizar el aprendizaje sigue siendo un desafío en muchos países, según el último Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018 que publicamos. De acuerdo con el documento, después de asistir a la escuela durante varios años, millones de niños no saben leer, escribir o hacer operaciones matemáticas básicas. Esto no solo supone una oportunidad desaprovechada sino también una gran injusticia. Pues los niños y jóvenes con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una educación para prosperar en la vida.

Conscientes de ello, los países centroamericanos han trabajado para resolver la crisis del aprendizaje en diferentes ámbitos, desde la educación básica hasta la superior. En este esfuerzo cuentan con la contribución del Banco Mundial, que viene apoyando a la región a través de proyectos de inversión y donaciones. Por ejemplo, ayudando a mejorar el acceso y la calidad del sistema público de educación superior en Costa Rica, enfocándonos en la calidad docente y la infraestructura escolar de la educación básica en Nicaragua y buscando fortalecer la eficiencia del gasto en los programas educativos en Panamá.

En El Salvador concentramos los esfuerzos en mejorar la tasa de acceso, retención y graduación de estudiantes de primaria y secundaria mediante la adopción del Modelo de Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno. En Honduras contribuimos con la elaboración del Plan de Educación 2017-2030 y en Guatemala ayudamos a desarrollar sistemas de alerta temprana para prevenir el abandono escolar.

Además de los recursos financieros, el Banco Mundial ha apoyado a la región con análisis y estudios que buscan identificar los desafíos para lograr una educación de calidad, como el “Análisis institucional y del gasto social en América Central” y “Abandono escolar en Centroamérica: un panorama de las tendencias, las causas y las intervenciones prometedoras”.

Estos esfuerzos han permitido que los estudiantes dispongan de nuevas escuelas, bibliotecas y salas de estudios, que los docentes hayan adquirido nuevas habilidades pedagógicas y que más jóvenes accedan a la educación superior. También ha fomentado la inclusión y el empoderamiento de los jóvenes, tal y como me comentaba una estudiante en una reciente visita a una escuela de San Dionisio, en el departamento de Matagalpa, Nicaragua.

A pesar de los logros, debemos seguir trabajando. En primer lugar, para asegurar el aprendizaje de las materias básicas como lectura y matemáticas. Pero también para que las nuevas tecnologías sean parte integral de los sistemas educativos y abran nuevas oportunidades de aprendizaje a través de las plataformas online. Todo ello poniendo un especial énfasis en las poblaciones más vulnerables, como los indígenas, cuya educación es una prioridad en el nuevo proyecto que estamos preparando para apoyar el Plan de Desarrollo Integral de Pueblos Indígenas de Panamá.

Sobre todos estos temas discutimos el pasado 1 de febrero con representantes de los Ministerios de Educación de Centroamérica en un evento que tuvo lugar en Managua para analizar los desafíos y oportunidades de la calidad educativa en el istmo. Con ello reiteramos nuestro compromiso con los jóvenes y con la educación, un pilar fundamental para que ellos y sus familias puedan escapar de la pobreza.

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