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Apretar o desamarrar los nudos

A nivel internacional, los jóvenes están haciéndose sentir porque el mundo está llegando al punto de no retorno (crisis climática), del cual la vida en el planeta no podría recuperarse. A nivel regional, la legitimidad de los gobiernos y el funcionamiento de la institucionalidad democrática de Guatemala, Honduras y Nicaragua son cuestionados por los gobernados y la comunidad internacional. A nivel nacional, hay un nuevo gobierno con un gran respaldo popular, pero con escasos recursos para satisfacer las enormes demandas sociales y expectativas ciudadanas.

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Rafael Ernesto Góchez

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El panorama es retador y la Presidencia de la República debería considerar las lecciones aprendidas de la historia salvadoreña. Una de esas lecciones es lo contraproducente que es gobernar en solitario, sin dialogar y sin establecer entendimientos mínimos entre el Estado, la sociedad y el mercado. Lo tradicional es que el mandatario y su círculo de confianza tomen decisiones y ejecuten una estrategia comunicacional alrededor de la imagen presidencial.

Uno de los riesgos de gobernar rígidamente y sin propiciar la participación ciudadana es que la inercia burocrática y las estructuras de poder limiten o alteren el quehacer gubernamental. Veamos dos ejemplos: (1) al inicio del siglo XXI, se optó por la dolarización en lugar del Plan de Nación (mal trueque), y (2) entre 2009-2019, se tuvo un discurso antiempresarial y paradójicamente se gestó un gobierno-empresa (nociva receta). Partiendo de estos ejemplos y dado que el tiempo apremia, seguidamente se plantean cuatro nudos que hay que desamarrar para rescatar el país.

Nudo 1. Cohesión social y democracia. El reto es tridimensional: (1) rescatar la familia, escuela y comunidad, (2) aplicar la ley y (3) activar la participación y acción ciudadana. En otras palabras, la sana convivencia refuerza la democracia y viceversa. Consecuentemente, es vital que la población tenga acceso a servicios públicos de calidad, a información y a trabajos decentes.

Nudo 2. Éxodo. La ofensiva antiinmigración (cada vez será más difícil y oneroso emigrar) y los efectos del cambio climático (cada vez será más difícil lograr la seguridad alimentaria) ponen entre la espada y la pared a miles de compatriotas. Ante esta situación, se requieren políticas públicas integrales y duraderas para abordar las causas determinantes de la emigración masiva.

Nudo 3. Crecimiento económico. Una meta de país es que las inversiones sobrepasen el 22 % del PIB (ahora no alcanzan el 17 %) para crecer a un ritmo superior al 3.5 %. Adicionalmente, se requieren medidas efectivas para promover (a) las exportaciones, (b) los asocios público-privados y (c) los encadenamientos productivos, la innovación y la tecnología digital.

Nudo 4. Saneamiento fiscal. Al contrastar las crecientes demandas sociales con el elevado endeudamiento surge la idea-fuerza de una reforma fiscal. Esto significa aumentar los impuestos y reducir los gastos. Por ello, el embrollo gubernamental es dinamizar la economía y cumplir simultáneamente con las leyes de Responsabilidad Fiscal y de Desarrollo y Protección Social.

Conclusión: estos cuatro nudos gordianos (más la violencia delincuencial, el deterioro ambiental y la corrupción) tienen postrado a El Salvador. Conviene, entonces, comenzar a desamarrarlos; de lo contrario, la sociedad salvadoreña seguirá desintegrándose y miles de compatriotas –al no tener oportunidades de prosperar en su terruño– se arriesgarán a emigrar pese a la militarización de las fronteras. Consiguientemente y por el notable capital político del mandatario, convendría que el presidente de la República liderara la implementación de una Agenda de País.

Tags:

  • jóvenes
  • Presidencia de la República
  • cohesión social
  • emigración
  • crecimiento económico
  • saneamiento fiscal

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