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Apuesta por la familia

La primera institución humana fue la familia, y si la familia es la “base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”, es justo decir que amerita una apuesta grande por parte del Estado, las empresas y la sociedad civil en general.
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Apuesta por la familia

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 Apostar por la familia es apostar por el futuro mismo de la sociedad. Este es más que un tema bonito para comentar en la sobremesa o mencionar en un discurso político, es un tema prioritario que requiere de disposiciones y ayudas concretas que favorezcan su desarrollo y estabilidad.

Indiscutiblemente los padres son los primeros responsables de la familia, pero la familia es a la vez un compromiso público y, por tanto, una responsabilidad compartida de los padres con los gobiernos y otras instituciones, en la medida que estas respetan el derecho de los padres en la educación y la formación de sus hijos e impulsan iniciativas y condiciones que promuevan la vida familiar. “En cuanto a los derechos, la familia reclama el respeto y la atención del Estado por un doble título: es la familia la que le ha dado origen, y porque la sociedad será lo que sean las familias”.

Es por ello que las políticas integrales a favor de la atención a la familia impulsadas tanto por el Estado como por las empresas –que, por ejemplo, facilitan la conciliación de vida de familia y trabajo, entre otras cosas– son indispensables para que los padres puedan cimentar una base firme de valores en las futuras generaciones y construir un futuro de paz para nuestro país: “La familia es la célula primera y vital de la sociedad, una sociedad que se olvida de esto es una sociedad que perece. La célula es el elemento vital más pequeño y primero que da vida a cualquier ser viviente; vivimos porque nuestras células viven, se reproducen, crecen. Y cuando ellas empiezan a morir, comenzamos a envejecer hasta desplomarnos en la muerte”.

Juan Pablo II dijo en una ocasión que “el hombre es esencialmente un ser social, con mayor razón se puede decir que es un ser familiar”. El hombre dentro de la familia aprende por primera vez sobre la convivencia con sus semejantes, se conoce a sí mismo y se desarrolla como persona. Abogar por la causa de la familia es abogar por la causa misma del hombre, y esto no es poca cosa.

Es importante volver al tema de familia y trabajo. Frecuentemente resulta muy difícil conciliar la vida profesional y la vida familiar, pero es un reto al que se enfrentan la mayoría de familias hoy en día, y que es necesario empeñarse por integrar de la mejor forma posible: “El trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Estos dos ámbitos de valores –uno relacionado con el trabajo y otro consecuente con el carácter familiar de la vida humana– deben unirse entre sí correctamente, y correctamente compenetrarse”.

Es por tanto de vital importancia la existencia dentro de las empresas y otras instituciones de políticas que favorezcan a la familia salvadoreña, de modo que la vida familiar y profesional de los colaboradores se puedan integrar y sostener mutuamente.

Apoyar y promover las iniciativas que custodian a las familias es una prioridad y una misión de todos los salvadoreños.

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