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Aquel 13 de septiembre de 1989, cuando nos reunimos por primera vez en la mesa (1)

Configurar la Comisión de Diálogo no fue tarea sencilla, porque los partidos políticos expresaron reservas y muchas personalidades invitadas se negaron a aceptar.
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Aquel 13 de septiembre de 1989, cuando nos reunimos por primera vez en la mesa (1)

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Al tomar Alfredo Cristiani posesión de la Presidencia de la República el jueves 1 de junio de 1989 la posibilidad de la solución política del conflicto bélico que estaba en el terreno desde 1980 cobró un impulso inesperado. En su discurso inaugural el Presidente Cristiani les hizo a las fuerzas guerrilleras la oferta de entrar de inmediato en un esfuerzo de entendimiento negociado, lo cual desde luego nadie esperaba. Entre los lineamientos señalados en aquel discurso para entrar en tal proceso se halla el siguiente: “Analizar los mecanismos prácticos que puedan ser los más factibles para impulsar un diálogo permanente, serio y reservado entre el sector democrático y el FMLN: es decir, principiar, como es lo lógico, por el aspecto funcional, que tendrá que ser acordado por ambas partes”. Y viene luego una declaración verdaderamente audaz en aquel momento en que la guerra se movía agresivamente en el terreno: “Nosotros, en este momento, al asumir la dignidad de la más alta magistratura de la Nación, no somos enemigos de nadie: ofrecemos a todos nuestra buena voluntad para hallar soluciones que beneficien al pueblo, que es ante quien respondemos...”

De seguro por experiencia vivida en los primeros intentos de emprender el trabajo de entendimiento en ruta hacia la paz, en dicho discurso se hace un compromiso explícito: “Señalar, como uno de los principios fundamentales, que una vez iniciado el Diálogo, según la calendarización convenida, no se suspenderá unilateralmente por ningún motivo, hasta poder presentar a los organismos de más alta decisión política un planteamiento de solución global del conflicto”.

Como si en aquel momento se estuviera hablando para lo que ocurría entonces y para lo que ocurre hoy, el mandatario entrante expresó en el mismo Discurso inaugural: “La Constitución le ordena al Presidente de la República procurar la armonía social en el país. Cumpliremos escrupulosamente ese mandato, buscando entendimientos legales y políticos con todos los sectores. El FMLN es uno de esos sectores, y buscaremos de inmediato entrar en contacto con ellos, no para plantearles propuestas a fin de que ellos hagan contrapropuestas, y continuar un juego sin fin, que sólo sirve para el ejercicio propagandístico”.

Luego de aquel Discurso, que sin duda generó desconciertos y expectativas en ambos bandos, porque de seguro lo que se esperaba era que el mensaje de la nueva Administración fuera de intensificación de la beligerancia y no de apertura al entendimiento, comenzó de inmediato la tarea de poner en práctica las palabras. El FMLN reaccionó con reservas esperables; y en el ámbito oficial, el Presidente encontró dificultades para entrar en el área de los hechos. Configurar la Comisión de Diálogo no fue tarea sencilla, porque los partidos políticos expresaron reservas y muchas personalidades invitadas se negaron a aceptar. Había dudas y recelos, ya que mucha gente estaba convencida de que una solución política era prácticamente inalcanzable. Pero el Presidente no cejó, y al fin configuró su grupo, y se pasó a los contactos para señalar la fecha del primer encuentro. Por fin se acordó una fecha para la cita inicial, que sería el 13 de septiembre, en el Distrito Federal de México.

Así se realizó. El día 12 de septiembre la Delegación gubernamental viajó a la capital mexicana y el día 13 en horas matutinas se produjo el primer encuentro en la sede del Seguro Social, en San Jerónimo. Los representantes del Gobierno nos desplazamos desde el Hotel Paraíso Radisson (que hoy es Radisson Paraíso), donde estábamos hospedados, hacia el lugar de la cita con el ánimo expectante. Iniciaba así un ejercicio que duraría dos años, cuatro meses y tres días, hasta culminar en la Ceremonia de Chapultepec donde se suscribió el Acuerdo de Paz en la mañana del jueves 16 de enero de 1992. De jueves a jueves, como si el calendario también quisiera dar testimonio de armonía.

Estaban presentes en la mesa dos representantes del Episcopado salvadoreño: Monseñor Romeo Tovar Astorga y Monseñor Gregorio Rosa Chávez. Y hay que recordar siempre que desde el primer instante la atmósfera humana de la mesa fue respetuosa y cordial. De seguro no era fácil para nadie estar ahí, porque la guerra había sido y seguía siendo cruenta e implacable, y muchos teníamos experiencias dolorosas al respecto; pero las condiciones de la realidad se imponían, y la realidad ya sólo abría rutas de razón hacía la paz posible. (CONTINUARÁ)

Tags:

  • alfredo cristiani
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