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Aquel 13 de septiembre de 1989, cuando nos reunimos por primera vez en la mesa (y 3)

Una vez pasado el bache de la Ofensiva de noviembre de aquel año, la negociación retomó impulso hasta llegar al final. El realismo fue la brújula del esfuerzo, y por eso pudo lograrse el objetivo.
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Aquel 13 de septiembre de 1989, cuando nos reunimos por primera vez en la mesa (y 3)

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La experiencia demuestra que si las cosas comienzan bien lo más probable es que se desenvuelvan bien. En tal sentido, lo que pasó en las vísperas y en la concreción de aquel primer encuentro fue sin duda determinante para el avance posterior del proceso. Sólo hubo una interrupción casi esperpéntica cuando, el 11 de noviembre de aquel mismo año, sólo un día después de que cayera el Muro de Berlín, con lo cual se graficó el fin de la era soviética, el FMLN lanzó su Ofensiva hasta el Tope. Se quiso hacer creer después de que dicha Ofensiva prácticamente fracasó, que se trataba de poner presión para que la negociación avanzara de veras, pero todos los datos de la realidad apuntan a que se trató de una acción que, en primer término, tenía fines de lograr, en última instancia, superioridad militar en el terreno, y, cuando menos, de volver a la mesa con la fortaleza suficiente para convertirla en mesa de armisticio. Afortunadamente, ambas partes militares salieron debilitadas de la Ofensiva.

Pero volviendo al punto de la reunión iniciada el 13 de septiembre, el Acuerdo logrado merece recuerdo por su función ilustrativa hacia los requerimientos del presente. Vamos por eso a reproducirlo aquí en su parte sustantiva:

“ACUERDO DE MÉXICO. I) Marco Conceptual. El Gobierno de El Salvador y el FMLN dialogarán en un esfuerzo de entendimiento negociador para terminar el conflicto armado por la vía política al más corto plazo posible, impulsar la democratización del país y reunificar a la sociedad salvadoreña. En tal sentido, el diálogo se propone concertar el Cese de Hostilidades.

En función de estos propósitos, el proceso de diálogo debe tener carácter permanente, máxima seriedad, garantías recíprocas y ritmos de trabajo que correspondan a la urgencia que tiene el logro de la paz.

II) Sobre el Procedimiento

1) La formación de las delegaciones del Gobierno de El Salvador y del FMLN es atribución de cada una de las partes. Los integrantes de ambas delegaciones podrán ser sustituidos previa notificación a la otra parte. Las delegaciones tendrán capacidad para concertar acuerdos. 2) Ambas delegaciones, conscientes de la complejidad de los temas a tratar, acuerdan la realización de períodos de sesiones ordinarias con 30 días de intervalo para consultas y elaboración de propuestas. 3) El Gobierno de El Salvador y el FMLN acuerdan invitar a dos representantes de la Iglesia Católica, designados por la Conferencia Episcopal, en calidad de testigos que, además, realizarán labores de intermediación práctica. 4) El Gobierno de El Salvador y el FMLN invitarán a representantes de organismos internacionales para que, en calidad de testigos, participen en las reuniones de diálogo que de común acuerdo consideren necesario. 5) El Gobierno de El Salvador y el FMLN coinciden en que los partidos políticos y las fuerzas sociales de El Salvador tienen un papel importante en la construcción de la paz. Reconocen asimismo la necesidad de que, tanto el Gobierno como el FMLN, mantengan mecanismos adecuados y permanentes de información y de consulta con los partidos y fuerzas sociales del país, en el entendido que éstos guardarán las reservas que se consideren necesarias para el buen desarrollo del proceso de diálogo. Cuando se estime conveniente –y de común acuerdo– podrá invitarse a representantes de estos partidos y fuerzas sociales para recibir sus aportes. 6) Las reuniones de diálogo se realizarán donde las partes decidan de común acuerdo. 7) El diálogo se desarrollará en forma reservada. 8) Ambas partes se comprometen a no retirarse unilateralmente del proceso de diálogo”.

Una vez pasado el bache de la Ofensiva de noviembre de aquel año, la negociación retomó impulso hasta llegar al final. El realismo fue la brújula del esfuerzo, y por eso pudo lograrse el objetivo. Dos muestras de ello: convenir la reforma de la Constitución puntualmente en la mesa, en vez de reformar el artículo 248 para facilitar la reforma posterior, lo cual hubiera abierto un espacio de incertidumbres imprevisibles; y reducir la temática del Acuerdo a los puntos políticos, en vez de querer resolverlo todo en la mesa, lo cual siempre acaba siendo inviable. Así las cosas, el Acuerdo se consumó y comenzó de inmediato la posguerra sin vencedores ni vencidos, que fue la fórmula providencial para darle vida al proceso posterior.

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  • negociacion
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