Aquí junto a la acequia

Es natural que los tiempos cambien, y lo vienen haciendo desde que el mundo es mundo, o más bien desde que los seres humanos nos hicimos presentes en esta pequeña molécula sideral llamada Tierra.
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Pero el ritmo actual del cambio de los tiempos parece habérsenos salido de control, así como también lo ha hecho el clima en el que respiramos y nos movemos a cada instante. La palabra característica de la época global del presente es “aceleración”. Lo que antes necesitaba años, decenios y aun siglos para transformarse hoy con creciente frecuencia se consuma en meses y hasta en días. Aunque seamos en gran medida protagonistas del fenómeno, nos queda pendiente la pregunta clave respecto del mismo: ¿Hemos seguido en nuestro interior lo que contribuimos tan decididamente a provocar en nuestro exterior? Y la respuesta a tal pregunta tendría que ser un rotundo no. Las emociones y las pasiones que nos gobiernan son las de siempre. Los impulsos y los frenos parecen intactos en el hacer consciente. Las actitudes y las ansiedades se mantienen básicamente en lo que siempre han sido. La primera armonía que se necesita construir con apremio es la que vincula al ser pensante y sintiente con el pasar del tiempo que llamamos vida. Sólo así ganaría la vida su auténtico sentido de corriente en tránsito creador.

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