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Arados y azadones

Valga la comparación, aunque no juega un papel específico la agricultura en lo que precede, pero la veleidosa vida de los salvadoreños tiene similitud con la función de estos aperos: los arados, para hacer un trabajo constructivo, fecundo, de provecho futuro, y los azadones, en un sentido de interés personal y egoísta; por eso su aplicabilidad en el caso, según corrillos populares.
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Desde hace tiempo los raseros no funcionan, las balanzas están desequilibradas. Es necesaria una voluntad firme para recomponer las cosas y darle sentido a muchos aspectos carentes de equidad.

Preguntémonos, ¿por qué se permitieron esas enormes diferencias escalafonarias en sectores del mismo aparato estatal? ¿Son necesarios tantos sindicatos en una sola institución? ¿Por qué se originan muchos programas y leyes sin la sustentabilidad económica debida? ¿La cooperación internacional, de ser mejor auditada, podría fluir más generosa y expedita para las urgencias? ¿Si existe preocupación por el salario mínimo y la canasta básica, por qué esta no se extiende al tema no resuelto por años de la atención de los desmovilizados de guerra y la evaluación cíclica de los pensionados del INPEP y el ISSS?

La empresa privada es antagónica para muchos, cuando en verdad genera importantes ingresos y, allegaría más, si se establecieran incentivos bien definidos para la inversión y reglas claras y confiables, sin el temor de políticas impredecibles.

La burocracia entorpece el trabajo de las pequeñas y medianas empresas (pymes) con la cantidad de trámites que desalientan el emprendimiento; estas deben atenderse mejor, porque constituyen un factor sumamente incidente en la economía. El gobierno debe agilizar los procedimientos de pago a este sector, el cual es un proveedor que necesita que lo adeudado se le entregue con prontitud, porque sumados los intereses bancarios por préstamos, se pone en riesgo su supervivencia. La función de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) desarrolla, a través de varias instituciones, útiles capacitaciones para mejorar el rendimiento de esta fuerza laboral. El sector informal, incluso, puede ser un gran tributario y, al mismo tiempo, se favorecería con el acceso a prestaciones sociales. No dejaremos en el tintero la amenaza en ciernes de posibles leyes en menoscabo de las cooperativas.

Es un enorme trabajo el que tiene por delante la economía del país, por revertir tanto paso desacertado, precipitado y desigual, con los cuales se han manejado las finanzas. Su costo tendrá –reclamos y presiones– pero si no se atiende esto, más tarde los problemas serán difíciles de resolver. Hay que priorizar lo justo, lo equitativo, lo correcto, sin importar los desgastes electoreros. Todo lo que se enfoque con beneficio de país, aunque afecte logros amparados por ley, no está escrito en piedra, y es necesario aplicar la justicia y dar paso a las rectificaciones.

La transparencia y la austeridad deben tener una fuerza suficiente para su práctica real, frente a una sociedad mal acostumbrada y representada. Romper estructuras viciadas por la politiquería es urgente consigna. Todos somos iguales ante la ley; en consecuencia, los raseros y las balanzas, de los cuales hablábamos al iniciar el artículo, deben funcionar. En lo económico –aspecto abusado por muchos– es bien conocido el camino para superar sus defectos; sin embargo, nadie quiere perder privilegios. Tiene que estimularse el trabajo honesto y fructífero, como el de los arados, y no actuar –como decían los abuelos– “como el azadón”.

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