Lo más visto

Más de Opinión

Armstrong y los Acuerdos de Paz

El pedir perdón por los pecados es un excelente camino para reparar el daño y las heridas ocasionadas, asegurándose de acompañarlas con buenas acciones.
Enlace copiado
Enlace copiado
¡Qué duro es ver caer en picada la reputación de una persona admirada que se encuentra en la cumbre de su carrera! El caso de dopaje de la exestrella del ciclismo Lance Armstrong, a quien se le descubrió la trampa de usar sustancias prohibidas para mejorar artificialmente su desempeño, le llevó a ser despojado de sus medallas, jugosos contratos de publicidad y multitud de premios.

No debe sorprendernos este hecho, ya que cada cual es capaz de caer en las mismas locuras al dejarse llevar por el deseo obsesivo de protagonismo y por una competitividad enfermiza.

El antídoto para no caer en tan bajas conductas es mantener alrededor gente que quiere lo mejor para nosotros (amigos, familiares o asesores preparados, sabios y rectos) y que nos digan la verdad de las cosas, por dura que sea, para que conozcamos la realidad de las cosas. Si los escuchamos humildemente, podremos levantarnos rápidamente de nuestras caídas.

Por otro lado, el pedir perdón por los pecados es un excelente camino para reparar el daño y las heridas ocasionadas, asegurándose de acompañarlas con buenas acciones.

En un artículo del Financial Time, Jon Kador, autor del libro “Effective Apology”, señala cinco dimensiones (5 R, en inglés) para lograr pedir perdón y redimirse efectivamente (Traducción libre): Reconocer la mala acción (Recognition); Responsabilizarse personalmente (Responsability); Sincero arrepentimiento (Remorse); Recuperar confianza restituyendo de alguna forma (Restitution); Asegurarse de que no se repetirá la mala acción (Repetition). Durante la entrevista que le realizó hace poco Oprah Winfrey a Lance Armstrong, parece que no logró buena nota en su intento de disculparse, según Kador, ya que se quedó corto en el intento de rectificar y pedir perdón porque se dedicó más a echar la culpa a las presiones del entorno exigente de las grandes ligas deportivas del ciclismo internacional y a excusarse en su extremo sentido competitivo. Lance no fue claro en su plan de acción para recobrar la confianza perdida por su engaño a patrocinadores, colegas, familia, equipo de trabajo y seguidores.

Haciendo un paralelo con los Acuerdos de Paz, del cual todos deberíamos sentirnos orgullosos, salvadoreños, me parece que cada fecha de aniversario de conmemoración podríamos ser una oportunidad para reflexionar en calidad de participación ciudadana, ya que disfrutamos de una joven democracia gracias al coraje de los protagonistas de ambos bandos que los suscribieron.

Quienes éramos jóvenes civiles durante el conflicto armado y no participamos ni decidimos su curso, nos tocó graduarnos de la universidad en medio de las balas, buscar empleo a pesar de la incertidumbre y formar nuestra familia con la esperanza de que pronto llegaría la sensatez a los dirigentes de ese momento. De eso hace 21 años y ahora nuestra generación (al igual que los jóvenes) busca unirse bajo una misma visión de nación dejando posiciones ideológicas radicales. ¡Ya basta de pedir la derogación de la ley de amnistía! Ninguna guerra está exenta de crímenes injustos cometidos por las partes involucradas: de allí su conveniencia. En la nuestra no hubo vencidos ni vencedores. No nos quedemos patinando en las acusaciones, al igual que Armstrong.

¡Perdonemos y avancemos! Caminemos a base de principios compartidos manteniendo en el corazón a los caídos, ya que su sangre permitió construir la democracia imperfecta que tenemos.

Lee también

Comentarios