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Arrancamos con presupuesto y sin TPS

Hemos iniciado 2018, y es bueno que finalmente en la primera semana del año, los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa se pusieron de acuerdo para aprobar el Presupuesto General de la Nación. Hay que hacer notar, sin embargo, que tuvieron más de 3 meses desde que a nuestras espaldas iniciaron las negociaciones y que lo aprobaron fuera del plazo previsto, sin ninguna consecuencia.

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También valoramos la decisión de aquellos diputados que votaron en contra del dictado de su fracción, y bastante menos, la de aquellos que se abstuvieron. La pluralidad política implica no solo diversidad de partidos, ideologías y banderas, sino también divergencia de opiniones y puntos de vista al interior de un mismo partido. El disenso, cuando es genuino, fortalece; y eso es democracia interna. A los que se abstienen les decimos que no nos termina de convencer por qué se hacen al margen en un tema tan transcendental como el presupuesto. Salvo casos de conflictos de interés, lo correcto es votar en uno u otro sentido.

Por otra parte se nos ha dicho que el presupuesto cumple con la normativa presupuestaria y la jurisprudencia constitucional reciente, pero aunque nos digan que el presupuesto cumple con el principio de universalidad, al contemplar todos los gastos y todos los ingresos, y que está equilibrado porque matemáticamente las cifras cuadran, seguimos sin entender por qué rubros esenciales como salud, educación y seguridad presentan recortes en comparación con las cifras del año anterior, en tanto son las áreas prioritarias del gasto social.

Tampoco entendemos por qué se continúa asignando fondos a más de alguna ONG, sin criterios técnicos o de competencia por proyectos, dando lugar a que en medio de tal discrecionalidad, continúen las dudas en las razones de su asignación.

Se resiente también la secretividad que volvió a manifestarse, con reuniones exclusivas entre el gobierno y el principal partido de oposición, cuando los actores principales en este tema son exclusivamente todos los partidos políticos, en la Asamblea Legislativa, y sin miembros de las cúpulas, pues se trata de un acuerdo político de consensos legislativos. Pero por hoy, ya hay presupuesto, y en tanto no se demuestre lo contrario, parece estar completo, financiado y equilibrado. Eso es bueno por la predictibilidad económica, financiera y social que aporta.

También debemos referirnos al desenlace del TPS para nuestros compatriotas en los Estados Unidos, cuya finalización ha sido anunciada para el 9 de septiembre de 2019, plazo en el que quienes no hayan logrado regularizar su situación personal –salvo, esperamos, una ley del Congreso que proteja a la comunidad beneficiaria entera– deberán retornar a nuestro país, que no presenta condiciones ni mínimas para su acogida.

Este tema no es para buscar culpables. Al contrario, es una oportunidad para que como país, nos enfoquemos por conseguir una salida permanente a nuestros migrantes en vilo, una salida que postergaron buscar 4 gobiernos salvadoreños; la que depende de otro gobierno soberano, que ha concedido alivio temporal por más de 16 años a nuestra esforzada y valiente comunidad.

Debemos saber gestionar, como país, en nombre de esa gente nuestra, que un día se sintieron desesperanzados, y que por diversas razones, prefirieron migrar a seguir aquí. Ya les fallamos una vez, no les fallemos de nuevo.

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