Así, no vamos a ninguna parte

¿Fue el tema del evento? ¿La férrea resistencia a la reforma previsional? ¿El auto convencimiento de que el gobierno lo puede todo? ¿Una decisión estrictamente política?
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 Solo ellos lo saben; es decir, el presidente Sánchez Cerén y sus más cercanos colaboradores. El hecho objetivo fue la ausencia del gobernante, funcionarios públicos y miembros del partido gobernante, en la última edición de ENADE. Se rompió así una larga tradición que se inició en 2000, cuando la ANEP decidió construir una instancia donde los gobiernos pudieran conocer de primera mano las propuestas de la empresa privada organizada, para contribuir al desarrollo integral del país.

De muy poco han servido los argumentos del gobierno plasmados en un campo pagado publicado justamente el día del evento. Esgrimir “las reiteradas posturas confrontativas y excluyentes de algunos dirigentes de ANEP” (para no participar en ENADE 2016) es confundir al mensajero con el mensaje y menospreciar las opiniones de un sector que, “les guste no les guste”, tiene en la cúpula empresarial un muro de contención frente a los desmanes de los gobiernos, sean de izquierda o de derecha, sobre todo cuando comprometen los principios y valores que sustentan la libre iniciativa.

El que algunos gobiernos hayan pretendido someter al sector privado a sus dictados no debe extrañar a nadie. Por definición, estos actores siempre están en las antípodas, aunque esto tampoco significa que no puedan cohabitar y acercar posiciones, siempre que esté de por medio un esfuerzo genuino de las partes, para poner en primera línea los intereses supremos del país, la prosperidad compartida y respeto a los derechos fundamentales de la persona.

Vistas así las cosas, la confrontación “per se” no debería ser vista como algo tenebroso, sino, si cabe la expresión, como un “mal necesario” en la búsqueda del bien común, lo que significa descartar los protagonismos estériles, partiendo de la base de que ese objetivo se logra más fácilmente, minimizando las debilidades y potenciando las fortalezas. Esto puede incluso significar el sacrificio de espacios ganados en buena lid, pero también abandonar aquellos obtenidos a través del ejercicio excesivo y arbitrario del poder.

Lo que no terminamos de entender es el término “exclusión”. ANEP con todo lo que significa representar a más de medio centenar de gremiales que agrupan a más de 16 mil empresas de todo tamaño no tiene poder para excluir a nadie. Y además, aunque pudiera, no tiene sentido hacerlo porque precisamente su fortaleza descansa en su poder de convocatoria de la cual participan virtualmente, directa o indirectamente, todos los miembros de la comunidad, así se trate del más encumbrado personaje o del más humilde ciudadano, ya sea en calidad de productor o de consumidor. El que sí puede excluir a cualquiera es el Estado, al no cumplir plenamente, por las razones que sea, con las demandas de educación, salud, vivienda, seguridad y justicia que le plantea el conglomerado.

Paradójicamente, el tema central de ENADE XVI tiene como sustento ético una invocación al esfuerzo compartido para erradicar el flagelo de la corrupción, que es uno de los que más conspiran contra el objetivo supremo de construir una sociedad libre, basada en la igualdad de oportunidades y los valores democráticos de Occidente. Si el presidente de la república, por las razones que sea –y esto lo digo con todo respeto–, eludió contrastar su pensamiento con los de un sector al que no puede ignorar, así sea por cuestiones ideológicas, pues muchos lo lamentamos, aunque esto no le restó brillo al evento, pero sí solemnidad.

Por lo demás, habría que preguntarse si es moralmente aceptable que el gobierno haya al mismo tiempo intentado –según la “vox populi”– dividir a la empresa privada organizada, aprovechando la celebración de otro evento igualmente importante, como es –con el derecho exclusivo e inalienable que le asiste– el de elegir a sus propias autoridades. Para muchos, esto es más preocupante que la misma ausencia del señor presidente en la última edición de ENADE, porque sugiere un reconocimiento tácito de las debilidades de su gobierno.

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