Asociación protege a personas de la tercera edad

La asociación lleva el nombre de su benefactor, Julio César Moreno Canjura. Es admirable y digno de todo mérito la labor social que él tiene para los ancianitos apopenses. Su niñez y su juventud fueron muy pobres, a tal grado que la familia lo entregó a un maestro de obra para que le enseñara el oficio de albañil; este señor trabajaba en la hacienda El Ángel y le ofrecieron un contrato para trabajar en la construcción del edificio de La Cafetalera, a inmediaciones de la iglesia El Rosario, aquí en San Salvador, y le preguntó a su recomendado que si quería viajar con él y el muchacho ni corto ni perezoso aceptó.
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Un día de tantos, Julio, el ayudante, se cayó de un tercer piso, al quebrarse un andamio; afortunadamente solo se dañó una mano. El presidente de La Cafetalera, al enterarse del caso, lo llamó y le dijo que le cambiaría el trabajo, ofreciéndole el de ordenanza y al enterarse de que ya había cursado el sexto grado, cambió de idea y lo matriculó para que estudiara Teneduría de Libros, por las noches.

En una época, el café bajó de precio a nivel mundial y la mayoría de socios se retiraron de la institución y por la experiencia que ya tenía Julio lo nombraron representante internacional y lo enviaron al extranjero al mercado cafetalero para comerciar el café salvadoreño. Desde allí cambió su vida y cuenta que una noche, en sus oraciones, le agradeció a Dios el milagro y le prometió ayudar a quien más lo necesita. Y así nació la Asociación 60-70 Julio César Moreno Canjura, 30 años de servir a la comuna apopense.

Allá por 1987, en un día menos pensado, se juntaron Julio, con su hermano y entre otras cosas le preguntó qué hacía para matar el tiempo y no aburrirse; le contestó que cuentan con un grupo de amigos de la tercera edad y los domingos, después de asistir a misa, se trasladan al parque a platicar y después a caminar un poco para desentumir las piernas. Nuestro personaje se quedó pensando y le dijo: “¿Crees tú que si los invitamos a un desayuno en San Salvador, aceptarían? Llévales el mensaje y me cuentas si aceptan”. A los pocos días, la cita estaba concertada y la reunión fue posible.

Se acordó también ofrecer mensualmente un desayuno e invitar a “viejecitos” de ambos sexos, que a la fecha son más de cien; en uno de los desayunos, el benefactor pensó darle el nombre de “Un minuto de amor y esperanza”. Las primeras reuniones se realizaron en el Centro Escolar Vicente Acosta, aprovechando la gentileza del director, que ofrecía el mobiliario y música grabada; al poco tiempo el benefactor acomodó un local propio y desde esos tiempos a la fecha allí funciona la asociación.

Recordamos que en una ocasión, Julio estaba hospitalizado por un tratamiento del corazón y desde su lecho de enfermo envió el dinero para el desayuno de sus ancianitos. El sábado 4 de diciembre de 1999 se promovió un desfile y coronación del abuelito y abuelita del milenio. Desde hace varios años se les proporciona a los ancianitos un vaso de leche, con pan de dulce y 50 centavos para el pago del bus que los lleva a colonias y cantones.

La asociación, desde hace varios años, cuenta con los Estatutos, debidamente autorizados. Los ancianitos asociados son más de cien y el día del desayuno se les reparten víveres y dinero en efectivo. Otra sana costumbre que tiene nuestro personaje es proporcionarles eventualmente desayunos a los alumnos del Centro Educativo Vicente Acosta y a alumnos del kindergarten de la localidad. Servicios mortuorios a los ancianitos que fallecen y son de recursos muy limitados. Entrega de medallas conmemorativas a muchas personas que las merecen. Al club deportivo Vendaval de la localidad les donó la casa club. En el parque de la ciudad colocó el busto del poeta apopense Vicente Acosta. A los hogares de servicio de Nueva Concepción y de Guazapa les proporciona víveres. Hay tantas cosas buenas que ha patrocinado nuestro personaje.
 

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