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Ataque a la institucionalidad

La emboscada en la que fue asesinado el policía William Edgardo Lemus Chacón y heridos ocho agentes más, en la colonia San Patricio, en el corazón de San Salvador, demuestra que las pandillas han dado un paso más en su complejización como estructuras criminales.
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Luis Laínez / Subjefe de Información de LA PRENSA GRÁFICA

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Uno de los delincuentes abatidos durante el enfrentamiento, identificado como Marvin Enrique Deodanes, fue perfilado por la PNC como cabecilla de las pandillas en Panchimalco, entrenado en técnicas militares por soldados que fueron reclutados por estos grupos criminales.

Políticos calificaron el ataque a los policías como una agresión “terrorista”. Y no es solamente una expresión que salga dentro del contexto actual de campaña electoral (donde la seguridad, al igual que la economía, forman parte de las ofertas de los candidatos), sino que también es una categoría que surgió del seno mismo de la Sala de lo Constitucional.

Los enfrentamientos entre los policías, muchos de ellos de la Sección Táctica Operativa (STO), y células de las tres pandillas que operan en el país son cosa de todos los días, pero pocas veces se ven en zonas urbanas de San Salvador. Que los grupos armados ilegales atenten de manera tan directa, a plena luz del día, contra un grupo policial en labores de patrullaje, nos lanza luces del nivel de organización y de hasta dónde son capaces de llegar.

Dos pandilleros fueron abatidos en el contragolpe policial. Sin embargo, un número no determinado se dispersó por una extensa zona boscosa que se extiende desde la colonia San Patricio hacia dos cementerios privados y hasta la carretera que va al aeropuerto internacional.

Pese al despliegue de más de un centenar de policías, el apoyo de soldados y de incluso un helicóptero, no hay certeza plena que todos los pandilleros involucrados en el ataque a la patrulla del STO en San Patricio hayan sido detenidos.

Es realmente preocupante que sea necesario un despliegue de fuerza de tales dimensiones para que el Estado salvadoreño se haga sentir en esa porción del territorio nacional. Sin embargo, es algo que, dadas las circunstancias, debe realizarse de manera contundente para neutralizar esta amenaza para la ciudadanía. Porque este ataque contra los policías que “osaron adentrarse en sus dominios” no es otra cosa que la expresión de control que la pandilla tiene en este sector de San Salvador.

¿Para qué más controlan las pandillas porciones del territorio salvadoreño, sino es para extorsionar a sus habitantes, además de cometer con impunidad todo tipo de delitos, desde robos, violaciones, tráfico de drogas hasta asesinatos? El principal golpeado con el fortalecimiento de las pandillas es la ciudadanía. Pero ahora le tocó fuerte a una institución como lo es la PNC. Y eso no nos debe dejar indiferentes.

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