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Aunque en el país hay muchísima tarea renovadora por cumplir, los nuevos signos de la realidad se van abriendo paso cada día más

Dadas las condiciones en que se mueve la cotidianidad de los salvadoreños en esta precisa coyuntura histórica, no es posible negar u obviar el hecho de que los vicios acumulados a lo largo del tiempo siguen haciendo mella en el vivir de todos, aunque por otra parte el mismo proceso que va en marcha genera contrapesos que debilitan la fuerza del pasado y habilitan las posibilidades regeneradoras en el presente y de cara al futuro.
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Aunque en el país hay muchísima tarea renovadora por cumplir, los nuevos signos de la realidad se van abriendo paso cada día más

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Al ser esto tan evidente, y sobre todo al serlo cada vez más, tenemos ahí una señal clara y viva de que hay un fenómeno de cambio que se manifiesta prácticamente en todos los sentidos. Tal impulso regenerador es, sin duda, más fuerte que en ningún otro momento que se recuerde, lo cual hace prever que nos dirigimos hacia un ejercicio diferente de nuestras energías nacionales, que han estado tradicionalmente tan coartadas por intereses mezquinos de la más diversa índole.

Lo que siempre ha faltado entre nosotros es una conciencia creativa de nuestra propia evolución. Es cierto que la ciudadanía ha tenido al respecto momentos estelares de la más relevante significación, como fue la Huelga de Brazos Caídos que derribó la dictadura martinista en 1944 y como fue también el insustituible aporte ciudadano para que la paz negociada de la guerra interna fuera posible. La ciudadanía, pues, pese a todas las limitaciones que se le han puesto en el camino, ha sido el motor básico de la evolución; y, en abierto contraste, los que han faltado crasamente a su decisiva función han sido los liderazgos tanto sociales como institucionales que vienen sucediéndose a lo largo del tiempo. Todo esto lo hemos subrayado de manera explícita cada vez que el tema tratado lo hace posible, y lo seguiremos haciendo porque lo que ya no podemos es darnos el lujo de dejar de lado nuestros deberes cívicos esenciales.

En concordancia con lo que se ha dicho en el párrafo anterior, los nuevos signos reveladores del fenómeno real de nuestros días vienen de la mano con el creciente poder ciudadano, al que contribuyen de manera notable las formas de comunicación que están cada día más en auge. El ciudadano ya no necesita que los políticos lo convoquen, como ocurría en los mítines del pasado, que no pasaban de ser tribunas para manifestar sin escrúpulos la retórica política al estilo irrespetuoso de los políticos de siempre. Hoy las redes sociales son el punto de encuentro de todos. La globalización de las comunicaciones es la apertura de una nueva galaxia interactiva, de la que nadie está excluido.

No es de extrañar, entonces, que la imaginación ciudadana se haga sentir con poder cada día más influyente. Temas como la implantación de la transparencia y el desafío contra la corrupción encuentran en ese ámbito sus apoyos más sensibles y tangibles. Es vital, pues, que la incidencia ciudadana sobre la marcha del proceso nacional se intensifique cada vez más, para que la salud evolutiva gane terreno de manera irreversible. Esa salud evolutiva es lo que más debería importarnos y comprometernos a todos, para que no sigamos desperdiciando energías y perdiendo oportunidades en esta ruta que por primera vez se nos abre en el mapamundi. Privilegio mayor que sería una locura dejar de lado.

Los salvadoreños estamos en un punto clave de nuestra evolución, y lo primero tendría que ser reconocerlo y asumirlo como tal. La evolución nunca se da en forma mecánica, aunque su movimiento originario sí lo sea. La evolución es esencialmente conducible, y lo que se haga al respecto va determinando los avances sucesivos. En eso los salvadoreños hemos sido irresponsables, y las consecuencias están a la vista.

Pero afortunadamente los signos de los tiempos nos incitan a movernos en la línea correcta. Hasta los más recalcitrantes tradicionalistas son empujados hacia el buen desempeño según los códigos actuales. La evolución es hoy más demandante que nunca.

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