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Ayer despertó el pueblo salvadoreño, se unió, habló fuerte y claro

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Luis Membreño - Economista

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Los populistas y los dictadores acostumbran a decir que hablan en nombre del pueblo, como si ellos fueran el pueblo. Pues ayer, 15 de septiembre, el pueblo salvadoreño no necesitó interlocutores, no necesitó de diputados, alcaldes, ni del presidente Bukele para que hablaran por ellos. Ayer el pueblo salió masivamente a las calles y al unísono condenó la dictadura de Bukele, la sumisión de la bancada cyan, al fiscal general impuesto y a la Sala de la Corte Suprema de Justicia que avala las inconstitucionalidades, tales como la reelección presidencial en 2024.

Ayer el pueblo salvadoreño, mujeres y hombres; empleados y empresarios; empresarios pequeños, medianos y grandes; izquierdistas, centristas y derechistas de todas las corrientes del pensamiento político; ambientalistas; estudiantes y profesionales; campesinos y obreros; abogados y jueces; en fin, el pueblo unido, salió a las calles a protestar contra la dictadura de Bukele y fue un grito de libertad, como el del 5 de noviembre de 1811.

El 15 de septiembre marcó un punto de quiebre en la historia reciente de El Salvador. No se veía una marcha de cientos de miles de personas desde los años setenta en nuestra patria. Cada grupo de personas que participó ayer en la manifestación tenía consignas propias: algunos protestaban contra el abandono del medioambiente, otros contra la ley del agua, otros contra la corrupción y excesivo endeudamiento, otros contra los despidos que ha hecho el gobierno, pero todos al unísono coreaban las consignas contra "Bukele dictador" y "No al bitcóin".

La destrucción constante de nuestra democracia y del Estado de derecho que ha venido haciendo Bukele en conjunto con su fracción de Nuevas Ideas en la Asamblea Legislativa, acompañado de los diputados de GANA, PCN y PDC, además del apoyo incondicional del fiscal Delgado y de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que le obedecen ciegamente, ha llevado al hastío a este noble pueblo salvadoreño que ayer dijo ¡BASTA YA! El pueblo dijo hasta aquí llegamos y ha comenzado a pedir la renuncia de Nayib Bukele a la presidencia de la República.

Lo que se observó ayer es el uso del derecho a la insurrección que le confiere la Constitución Política (artículo 87) al pueblo cuando el presidente y los otros poderes del Estado violan la Constitución, creen que están por encima de las leyes y que permanecerán en el poder de manera indefinida. El pueblo ejerció su derecho a la insurrección pacífica, fue una jornada llena de civismo, de azul y blanco, una verdadera fiesta patriótica.

Esto fue el inicio de algo. El inicio del cambio. La pregunta es si Bukele está dispuesto a escuchar el clamor del pueblo o si hará lo mismo que han hecho los dictadores en otros países: reprimir a la oposición, arreciar la persecución política, incrementar el ataque a la libertad de expresión y de prensa.

El país no necesita más violencia, más muertes, requiere de sensatez, requiere de un presidente que pueda aceptar la voluntad popular, que sea capaz de ser humilde y que busque mecanismos de conciliación dando marcha atrás con todas aquellas medidas impopulares, que afectan a la población y que han destruido nuestra institucionalidad democrática.

Este es un punto de no retorno. El pueblo está dispuesto a dar la batalla por su libertad, por el futuro de sus hijos y no está dispuesto a aceptar más imposiciones de la Asamblea Legislativa que vayan en contra del bienestar de todos.

Dios quiera que el presidente Bukele, sus familiares, sus asesores, su gabinete, sus diputados y magistrados, sepan leer el momento histórico en el que estamos y el ánimo de gran parte del pueblo salvadoreño. Este es un pueblo estoico que tolera muchas cosas, que hasta parece que estuviera dormido, pero un día de tantos despierta y no vuelve a dormirse hasta que se ha ganado la batalla por la libertad, la paz y el respeto a sus derechos. Recemos mucho para que podamos volver a ver el sol brillar en nuestra patria, que los próximos 200 años sean de progreso para todos, en un ambiente de concordia y que nos sintamos orgullosos de vivir en esta tierra que nos vio nacer.

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