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Bajas expectativas

Una cosa está clara en El Salvador: los padres y madres de familia están preocupados por los riesgos que corren sus hijos cuando van a la escuela, cancha, iglesia, restaurante, volcán y playa.
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La zozobra aumenta con los jóvenes y mujeres que utilizan el transporte público y caminan en comunidades dominadas por diferentes pandillas. Estos hechos ponen en duda la capacidad de los gobernantes que surjan de las elecciones de 2018 y 2019, para garantizarles a todos los salvadoreños el derecho a la integridad física y moral, la libertad y la seguridad.

Independientemente de lo que se piense de la política salvadoreña, lo cierto es que los dirigentes partidarios atraviesan por una crisis de credibilidad y parecieran no prestarle la atención debida al sentir ciudadano. Por ello, a miles de connacionales les inquieta la posibilidad de que la inseguridad y el desempleo sigan en niveles inaceptables después de las próximas votaciones.

Por otra parte y en vista de la falta de liderazgos democráticos, es probable que la contienda electoral que está en marcha se enfoque en la imagen de personas, la marca partidaria y la utilidad de las redes sociales. El propósito sería, entonces, gobernar a través de una política mediática. La desventaja de esta forma de actuar es la brecha entre las palabras y los hechos.

Desde una perspectiva social, la realidad nacional se sintetiza en dos puntos: (1) tres de cada diez compatriotas han decidido emigrar, y (2) miles de connacionales viven en comunidades, barrios y cantones altamente vulnerables y violentos. Estos dos hechos sugieren que el Estado no les está asegurando a los salvadoreños el goce de la libertad, el bienestar económico y la justicia social. Esta debilidad institucional significa que los gobernantes se están limitando a administrar las crisis (iliquidez, desastres naturales, delitos, epidemias y más).

Desde una perspectiva internacional, la vida de los cuscatlecos está siendo afectada por las políticas antiinmigrantes. Al relacionar la situación nacional con el complicado tema migratorio, se concluye que los salvadoreños se encuentran entre la espada y la pared. En este contexto y de cara a las próximas elecciones municipales, legislativas y presidenciales, las siguientes tres condiciones afectarán cualquier alternativa democrática que se pretenda impulsar en el país.

Condición 1. La opinión pública favorece la creación de nuevos partidos políticos. Sin embargo, no tienen tiempo ni disponen de los recursos requeridos para participar en las próximas elecciones.

Condición 2. La elevada polarización aleja a los ciudadanos de la cosa pública y de las urnas, lo cual favorece el reparto y control partidario del aparato estatal.

Condición 3. Las organizaciones sociales están dispersas y muchas son limitadas por las fuentes de financiamiento. El círculo académico es pasivo y tiende a ser más analítico que propositivo.

Conclusión: la mayoría de conciudadanos tienen bajas expectativas de las próximas elecciones. Este fenómeno hará que las estrategias comunicacionales adquieran relevancia y los partidos políticos presentarán a sus candidatos como “líderes que conectan con la gente”. Esto quiere decir, entre otras cosas, que los gobernantes quieren que los gobernados les vuelvan a delegar el poder público sin ninguna discusión ni condición. Por ello y para frenar la demagogia, conviene debatir –pública y constructivamente– asuntos de interés nacional y contrarrestar la política mediática y electorera.
 

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  • politica
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