Bajo sospecha

Quienes están detrás del manejo técnico de las finanzas públicas o los que ideológicamente terminan asignando los recursos presupuestarios no pueden eludir el escrutinio público por haber puesto al país en un lugar de dudoso privilegio a causa del “impago”.
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No pueden argumentar ignorancia sobre las consecuencias de ese paso en falso; además, según el propio ministro de Hacienda, había recursos para hacerle frente a los compromisos relacionados y solo faltaba la asignación presupuestaria correspondiente. Y si esto es así, el origen está en haber aprobado un presupuesto desfinanciado. De ahí la noción más extendida de que todo obedeció a una estrategia macabra para acorralar a la oposición más visible y forzarla a que aceptara la reforma previsional, a la medida y antojo del partido gobernante.

En estas materias siempre hemos tratado de ser comedidos al opinar sobre las actuaciones del actual ministro de Hacienda, porque es de sobra conocido que en los regímenes populistas o tirados a la izquierda los funcionarios con mayores responsabilidades sirven de paraguas ante las tormentas envenenadas que generan quienes ejercen el poder real. Esto no significa que pongamos las manos al fuego por él, pero en este caso existe también la sospecha sobre los motivos que tuvieron los partidos minoritarios para concurrir con sus votos y sacarle las castañas del fuego cuando el daño ya estaba hecho.

Por lo demás, regatearle recursos a la FGR, al TSE y llenar los huecos presupuestarios quitándole una tajada a salud, educación, seguridad, medio ambiente, turismo, etc., también es una forma ofensiva y burda de decirle a la población: “estos servicios, aunque esenciales, deben enfrentarse con menores recursos debido al estrangulamiento financiero de la oposición”, socavando así las bases de la “democracia progresista”. Este es el nuevo estribillo de lo poco que va quedando del socialismo del siglo XXI, aunque algunos personajes criollos todavía viven en ese micromundo de ensueño, al punto de seguir considerando la experiencia venezolana como el modelo a seguir en el país. Así lo expresó recientemente el secretario general del FMLN, demostrando que en su proyecto trasnochado no importan las crisis humanitarias, los presos políticos, la narcoactividad, corrupción desenfrenada, las masacres contra seres humanos que solo piden libertad en democracia. Ergo, este es el paraíso que le ofrecen a El Salvador. Es más, su miopía ideológica ni siquiera les permite procesar el rechazo que está causando ese régimen espurio a nivel mundial, demostrado en nuestra propia tierra con el fracaso de la CELAC.

En cambio, en este juego de oscuros manejos financieros y vergonzosas muestras de vasallaje ante gobiernos ilegítimos los salvadores de la patria atacan permanentemente con embustes, medias verdades y tinterilladas a las pocas instancias públicas que les hacen sombra, como la SC y la FGR. En esto no omiten las peroratas contra la empresa privada y el “imperio”, al tiempo que los invitan a sumarse al esfuerzo (¿?) del Gobierno para que contribuyan a la democracia, al crecimiento sostenido, el empleo, la reducción de las brechas sociales y de la delincuencia, todo en un marco de “transparencia”. Obviamente, aquellas baterías cargadas de odio y mezcladas con mensajes redentoristas solo persiguen desviar la atención de sus intenciones de perpetuarse en el poder y tapar la ahora más oscura y frondosa cloaca de la corrupción.

De repente también ha entrado de manera pasiva en este juego opaco el TSE. Miembros del mismo tribunal y centros de pensamiento han opinado que con el presupuesto asignado para las elecciones de diputados y concejos municipales el proceso se complicará más, mientras que los mal pensados consideran el recorte de fondos como parte de una estratagema para manipular los resultados, como supuestamente ocurrió en la última elección presidencial. Debe advertirse que estas elecciones serán definitorias para el futuro del país, pues los próximos diputados habrán de elegir a cuatro magistrados de la SC, los tres de la CC y al fiscal general. (8-V-17)

PD. Es muy preocupante que el presidente ponga en duda la solidez del sistema financiero.
 

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