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Bala de plata

Arropado con el sentimiento popular de indignación que todavía persiste por la matanza de 20 niños de la escuela Sandy Hook, el presidente Barack Obama cargó una bala de plata para matar al monstruo de la violencia armada en el país, aunque intimó al Congreso a que apriete el gatillo.
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El Congreso ya reaccionó y no de la mejor forma. Legisladores republicanos y demócratas se mostraron escépticos ante el plan de 500 millones de dólares.

No por caro ni porque defienden un derecho constitucional que malinterpreta que alguien pueda comprar y usar un arma de grueso calibre para defensa personal que serviría para detener a un batallón, sino por la oposición férrea de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), cuya influencia radica en el auspicio de las campañas electorales de más de la mitad de senadores y diputados actuales.

Sabiendo sobre las pocas chances de que el Congreso dispare su bala de plata, Obama cree que la pólvora la debe encender el público. Por eso, al mismo tiempo que exigía al Congreso legislar para prohibir rifles de asalto automático y semiautomático y que se exija la revisión de antecedentes de buena conducta a cada comprador, anunció que recorrería el país para arengar a la población a que presione a sus legisladores y no dejarse embaucar por cabilderos ni por publicidad a favor de la armas de fuego.

En recientes encuestas –Associated Press, ABC, The Washington Post y Pew Center– la mayoría de la gente favorece la prohibición de venta y portación de armas de guerra. Obama tendrá que lidiar más con la NRA que se opone a todo el plan, pues no considera que las armas incentiven la violencia y la única solución al problema es poner guardias armados en las cien mil escuelas del país.

Anunció que ya comenzó su “lucha del siglo” contra Obama y en un aviso reciente lo acusa de “hipócrita elitista”. Miles de sus miembros celebrarán actividades en armerías y campos de tiro el Día del Aprecio por las Armas de Fuego.

Muchas de las órdenes ejecutivas del presidente que no deberán pasar por el Congreso son positivas, pero algunas son polémicas.

De seguro surgirán debates por lo que habrá una dura batalla si se quiere intervenir en los contenidos de la industria del entretenimiento como la industria del cine y la televisión que aceptarían mayores restricciones en los niveles de clasificación de sus contenidos y medidas adicionales para su autorregulación, pero jamás permitirá que se cuele el argumento negativo de la NRA, ya que en otros países del mundo, donde también se consume cultura hollywoodense violenta, no se registran masacres de la naturaleza y con la periodicidad que se dan en Estados Unidos.

El vicepresidente Joe Biden acertó cuando le dijo a Obama que no existe bala de plata o proyectil certero para derrotar a la violencia armada. Pero en la consideración de que ningún derecho es absoluto, ni siquiera los de la Segunda Enmienda, prohibir armas de guerra para uso personal es una buena forma de comenzar.

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