Lo más visto

Más de Opinión

Baruch Spinoza y el Reino de Dios

Enlace copiado
Rafael Mejía Scaffini

Rafael Mejía Scaffini

Enlace copiado

Siempre es edificante trabajar en un planteamiento sustentable y coherente con el Reino de Dios, a fin de responder a las inquietudes que todo ser humano se hace sobre sí mismo y sobre los misterios de la naturaleza. En ese sentido, el aporte de Baruch Spinoza, filósofo judío considerado uno de los grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, es fundamental para intentar construir un pensamiento judeocristiano enmarcado en la visión bíblica del Reino de Dios. Intentaré introducir dos conceptos: Dios y naturaleza, considerando que esta última incluye al ser humano.

La concepción de Spinoza acerca de Dios pareciera ser una forma de Panteísmo, filosofía que sostiene que la naturaleza es sagrada en sí misma y que todo es Dios. Sin embargo, Spinoza no posiciona la naturaleza como Dios, sino como expresión de Él. Donde sí hay una separación entre Spinoza y la Biblia es en el no reconocimiento del carácter personal de Dios, pues no logra discernir que Dios puede relacionarse íntimamente con el ser humano.

Para Spinoza, Dios es un ser infinito cuya sustancia está constituida por infinidad de atributos, y cada atributo expresa una parte de esa sustancia. La sustancia se concibe a sí misma, no necesita de otra cosa para formarse. Así, Dios, al ser sustancia, es causa de sí mismo, por tanto fuera de Él, no puede darse ninguna otra sustancia.

Por otra parte, al considerar la naturaleza –dentro de la cual se encuentra el hombre– Spinoza concluye que esta no es causa de sí misma, sino un modo de expresión de la sustancia. Es decir, el hombre y la naturaleza solo pueden concebirse en relación con la sustancia, por lo tanto, es Dios quien permite que la naturaleza y el hombre existan y se sostengan.

Este planteamiento concuerda con el relato del Génesis acerca de Dios y de su intención original para con la naturaleza y el hombre. Dios deseaba vivir en comunión y sustentar permanentemente al ser humano, para que este a su vez cuidara la naturaleza. Sin embargo, ahí mismo en el Génesis se relata cómo el hombre, por querer ser igual a Dios, perdió este privilegio y tuvo que abandonar el Reino.

Ante este fracaso, el hombre decidió crear su propio reino, representado en la Biblia por la Torre de Babel. La concepción y construcción de esta torre significa, por un lado, el intento del hombre por llegar al cielo a través de su propio esfuerzo, y por otro, hacerse un nombre en la Tierra para ser reconocido por los otros hombres, logrando con ello tener poder.

Esta nueva estrategia le hizo perder su libertad y entrar en conflicto con los otros hombres. Asimismo, esta nueva forma de vida, por no ser natural, le trajo sufrimiento, afectando no solo su propia vida, sino la de la naturaleza entera: "porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción" (Rom.8.21).

Sin embargo, Dios había concebido una estrategia para permitir al hombre regresar al plan original. Esta requería de su ungido, Jesucristo, quien con su obra abriría el acceso nuevamente al Reino perdido. El profeta Isaías lo anunció 700 a. de C., profetizando que el mesías vendría y traería consigo el principado –es decir el Reino– sobre sus hombros, para ser entregado a los creyentes.

Esta nueva oferta de restablecimiento del Reino por medio de Cristo permite al ser humano identificar su propósito, reconocer sus dones y habilidades, tener visiones, y con ello, comenzar a reconstruir el Reino perdido.

Tags:

  • Baruch Spinoza
  • Reino
  • sustancia
  • naturaleza
  • estrategia

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines