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Bendición y desafío

Tendremos un cardenal en El Salvador. Y eso significa que, a través de su persona, tendremos la oportunidad de influir en el papa Francisco y en la propia sede de la Iglesia católica.
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Bendición y desafío

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Todos los cristianos católicos, aquellos que creemos y reconocemos en “Jesucristo la cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo”, siendo y sintiéndonos parte de la Iglesia, estamos obligados a conocer y respetar su estructura jerárquica. Hay jerarquías para orientar en la fe y hay territorios para hacerlo. Y las jerarquías y los territorios tienen misiones personales y apostólicas.

Vivimos en El Salvador, el país más pequeño de América Latina, el llamado Pulgarcito por la poetisa. Tenemos no más que 20,000 kilómetros cuadrados, con 6.4 millones de habitantes y dos millones más regados por el mundo. Tenemos buen clima, paisajes incomparables y mucho empeño para estar bien. Somos resilientes en todos los aspectos de la vida. Y lo hemos demostrado en elecciones, tormentas, terremotos y mucho más.

Pero, nos vemos dividido. Unos de un lado, los buenos. Otros al otro lado, los buenos. Y hemos sido incapaces, por voluntad, por decisión y por perseverancia, de no encontrar lo bueno de cada uno. Así nos hacer creer que somos, divididos. Y estamos creyendo que así somos. Ventajosamente la gente común y corriente, la que no sale en la televisión ni tiene programas radiales, no tiene nada que ver con esta imagen y creencia.

Esta división ficticia se refleja hasta en la feligresía de la Iglesia católica. Unos se ven de un lado. Otros se ven del otro. Y estas visiones giran alrededor de un personaje mundialmente reconocido y admirado, Monseñor Romero. Digo mundialmente reconocido porque es usual para los viajeros que al hablar de la procedencia salga la figura de Monseñor Romero y no de las pandillas. Para cualquiera, esto es un alivio y orgullo. Tenemos más, mucho más que pandillas.

Pero esa figura en proceso de canonización divide. Unos feligreses identifican a Monseñor Romero, no por el contenido de su prédica, que es ni más ni menos que el Evangelio, sino por la manipulación política que hacen de su figura en las calles y avenidas de nuestro país. Esto hay que pararlo.

Y en medio de este proceso esperado por muchos, el papa Francisco mantiene los ojos puestos en nuestro pequeño país y su convulsionada política. Y para bendecirnos, de la noche a la mañana nos manda a un cardenal. Esa fue la noticia que el párroco de la iglesia Inmaculada Concepción de Santa Tecla, Leopoldo Tolentino, dio con alegría y a primera hora el domingo recién pasado.

Tendremos un cardenal en El Salvador. Y eso significa que, a través de su persona, tendremos la oportunidad de influir en el papa Francisco y en la propia sede de la Iglesia católica. ¿Y qué significa esto? Desde mi perspectiva, a través de un cardenal, el papa Francisco, de origen latino, tendrá información fresca sobre los grandes desafíos que tiene la Iglesia católica para difundir y asegurar que se cumple la palabra de unión, de alegría, de confianza, de esperanza y más.

Comparto la anécdota que viví con monseñor Gregorio Rosa Chávez, futuro cardenal, cuando trabajamos en la Comisión de Educación, Ciencia y Desarrollo (1994) y discutíamos sobre los valores. Fue imposible no hablar de los mandamientos y comentar especialmente el séptimo, el “no robarás”.

“No robarás”. ¡Cuánto más podría lograrse en nuestro país si tan solo cumpliéramos este mandamiento! Son diez los mandamientos, y todos son válidos, pero... en nuestro país nunca alcanzará el dinero para cumplir con lo establecido en la Constitución de la República si los funcionarios despilfarran el recurso público y si lo usan para fines personales.

El Salvador tiene bendiciones que los que nos decimos cristianos debemos reconocer y agradecer. En mi iglesia, nuestro pastor hace diferencia motivando constantemente a ir a la fuente primaria de la palabra, la Biblia. Hacerlo obliga a reflexionar y opinar de manera informada. Y, en nuestro ambiente de violencia, llama permanentemente a no tener miedo. Esto hace diferencia.

Monseñor Rosa Chávez se convertirá en consejero y colaborador del papa Francisco, el pastor de la Iglesia católica. Se convertirá en el consejero de un personaje que en poco tiempo ha hecho diferencia porque ha ido sentando bases para su renovación. Monseñor Rosa Chávez seguramente será parte del proceso y esto es una gran bendición para el país entero. Tiene una gran tarea. Que Dios le ilumine.

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