Benedicto XVI no abandona la cruz

Benedicto XVI sigue con nosotros, lo hace tras las huellas de Cristo, con la firme convicción de que ha de brotar un renovado proceder en la vida de la Iglesia. Dice que estará oculto, pero sin abandonar la cruz. O sea, que estará en el mundo, pero despojado de mundo. A mi manera de ver, partiendo de la necesidad de este encuentro interior, se encamina a una renovada misión.
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Esta es la cruz que Benedicto XVI ofrece a nuestro mundo desesperado, hambriento de un itinerario espiritual.

La contribución de Benedicto XVI ha sido fundamental en los últimos tiempos. Uno de los que mejor lo han retratado ha sido el presidente de Israel, Shimon Peres, quien dijo de él: “Tiene la sinceridad del verdadero creyente, la sabiduría de quien comprende los cambios de la historia y la consciencia de que a pesar de las diferencias, no debemos convertirnos en extraños o enemigos”. Ciertamente, no se puede decir más con tan pocas palabras. Seremos muchos, también los ajenos a la Iglesia, los que le recordaremos con admiración y aprecio por todo lo que ha hecho en bien de la humanidad y de cada uno de nosotros. Su liderazgo intelectual se verá con una claridad cada vez mayor según pase el tiempo.

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