Bienestar colectivo

Pareciera que este término ha perdido sentido o razón de ser en el mundo entero, puesto que lo que prevalece es el egoísmo, el afán de protagonismo y el enriquecimiento individual, en desmedro de la satisfacción de las necesidades básicas de la inmensa mayoría.
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Las sociedades resultan afectadas económicamente hablando y la inequidad en la distribución del ingreso se vuelve más evidente por la amplitud de la pobreza; esta última también empujada por el crecimiento exponencial de la población. En adición, el continuado bajo crecimiento económico imposibilita el supuesto beneficio indirecto a las clases desposeídas o evidencia la mentira de la teoría económica del rebalse.

Tampoco la búsqueda deliberada del beneficio ampliado se advierte. Lo que sí está a simple vista es la práctica de apropiación de lo ajeno como algo natural y la del hábito de la ganga como proceder natural del humano.

La abnegación, el altruismo, la fraternidad, la caridad, la filantropía, la solidaridad, no pasan de ser términos del idioma sin aplicación práctica o se convierten en “máscaras humanitarias de dar con una mano lo que quitan con la otra”. Hay una especie de seres que en su mayoría se constituyen en ejemplos vivientes de la negación de la abnegación y la filantropía: los políticos.

Impiden ególatramente el proceso natural de una sociedad en procura permanente del beneficio colectivo. Hacen el papel de líderes en una sociedad enferma culturalmente hablando. El diagnóstico de lo mal que estamos es un tema entre bastidores, en cocteles, en velorios y en reuniones entre amigos. Se afirma que el liderazgo de los políticos es aparentemente propiedad de ellos o en su defecto actúan por delegación de líderes, sin dotes naturales, pero sí con riqueza y con abundante medio de cambio generalmente aceptado.

El proceso natural de desarrollo de una sociedad o la suma de la aspiración natural individual que propicia el bienestar colectivo se ve sustancialmente distraído o burlado por la búsqueda paralela y permanente de popularidad y del voto de los señores políticos, que distraen el esfuerzo natural y auténtico de los habitantes de superación individual y estos, por ignorancia, llegan a creer que las promesas de campaña se volverán realidad; quienes las pregonan ofrecen casualmente satisfacer necesidades básicas o primarias de educación, salud y vivienda, promesas que son precisamente las que en realidad no cumplen y que equivalen a su supuesta misión: procurar el bienestar colectivo.

Esos, que nunca cumplen, se disfrazan, de una aparente oposición (antagónicos permanentes), pero posteriormente llegan a converger todos en la procura del poder por el poder mismo, como satisfacción de ego y procura de ese bien que no lo es todo, se dice, pero alivia las tensiones: el billete. Pertinente agregar que si no son denunciados, el statu quo continúa. “La sociedad humana está tan mal, por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos”. Facundo Cabral.

En ese contexto de negación permanente a las satisfacciones de las necesidades primarias, se crea una frustración colectiva a perpetuidad de una sociedad de bajo ingreso por habitante que protesta en privado, se acomoda; es más, se niega, el desarrollo y el beneficio colectivo, en una actitud de protesta privada, de ganga y acomodamiento individual. El subdesarrollo no solo es económico, sino también cultural: y los guanacos cantamos como los gallos, “y qué quiere que haga”.

El bienestar no se hereda, hay que procurárselo. Muchas sociedades se ven influenciadas por un antecedente de subdesarrollo, pero la historia del mundo archiva también varios casos de sociedades reinventadas.
 

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  • enriquecimiento
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