¡Bienvenido, año 2016!

¿Qué nos deparará? Pues en nombre de nuestro Padre Dios sea un año de bienaventuranzas en que el pueblo salvadoreño ya no siga sufriendo las inclemencias que le produce la violencia irracional que tanto dolor, angustia y desesperación provoca en los hogares y la familia salvadoreña, que clama por el cese definitivo de tan terrible situación.
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¿Que se vislumbran nubarrones negros en el futuro? Dios no permita que se sigan soportando tantos males, sencillamente, porque en los primeros días del año la nefasta violencia se ha incrementado, el terror se ha apoderado de la ciudadanía honrada y trabajadora y por ende al pueblo salvadoreño, no le queda más que elevar sus oraciones a su santo patrono celestial, el Salvador del Mundo, para que nos mire con ojos de piedad y misericordia y que pronto veamos la luz de la paz, la armonía y la tranquilidad.

Yo me pronuncio para que los salvadoreños no desmayemos y que por lo contrario abriguemos nuestra fe y nuestra confianza en nuestro supremo hacedor mientras por nuestra parte sin desmayos busquemos los caminos que nos lleven a una fraternal reconciliación.

Lo que se impone en el momento actual es fortalecer los recursos que nos quedan para consolidar todos aquellos valores que nos conduzcan hacia una verdadera reconciliación nacional.

En el año santo de la misericordia, ¡Señor, haznos instrumentos de tu Paz!

¡Feliz año nuevo de paz, armonía y tranquilidad, hermanos salvadoreños!

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