Borrón y cuenta nueva

Se terminaron las elecciones y el TSE sin resultados definitivos ocho días después, por sumas incorrectas y datos no legibles. Increíble pero cierto; en este pequeño país sucede de todo, no sabemos si vamos o venimos. Pero lo bueno es que estamos vivos, sin aspiraciones la mayoría, pero existimos, gracias a Dios. La propaganda se terminó y solo Dios sabe si el país gano o perdió en perspectiva. Con mucha fe esperaremos que a pesar de sus escaseces y erradas políticas gubernamentales acumuladas subsista y salga avante.
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Volviendo a utilizar el término de García Márquez “crónica de una muerte anunciada”, porque lo previmos en artículo anterior, siempre hay polémica e inconformidad después de un evento electoral. Todos querían ganar y no se puede, para que haya ganadores tendrá que haber perdedores, por la lógica de causa y efecto o el principio del debe y el haber. Lo que pasa es que todos quieren el poder y no precisamente por espíritu de servicio o porque son filántropos, al grado de ansiar se les reconozca por la patria como hijos suyos o como Padres de esta.

Vendrán nuevos funcionarios con nuevas ideas y con la práctica ya institucionalizada en el país, de que con el arribo de nuevos personajes en los poderes del Estado, se implementan nuevos planes y otra vez volver a empezar en algunos casos y perder la continuidad por no existir un derrotero país o un Plan de Nación. Borrón y cuenta nueva. Esa ha sido la práctica en este país: “solo lo que yo hago es bueno” con actitudes de soberbia y con egos tan inflados que no caben en los salones parlamentarios o en las sillas de gobiernos locales.

Esa soberbia individual, figura egoísta, sed de poder y ambiciones personales desmedidas, no son congruentes con una colectividad con muchas escaseces y un futuro incierto. Aun cuando en una audiencia con predominio de incultura se corre el riesgo de ser tildado como escritor iluso o como voz en el desierto, considero que se debe ser persistente en un espacio de opinión con análisis y propuestas académicas y apartidistas.

Y esa persistencia quijotesca, por llamarla de alguna forma, se debe a la convicción acumulada por décadas de que ningún político convertido en funcionario público ha querido impulsar efectivamente la educación como pilar fundamental sobre el que una sociedad debe verse. Volverán las medidas parches a tratar de cubrir la herida del subdesarrollo y de la sociedad inculta.

Volverán a cuestionarse los esfuerzos de gestiones anteriores con el fin político de desprestigio y nuevamente los intentos de programas y proyectos anteriores se resistirán a desaparecer, y otra vez “borrón y cuenta nueva”. Hasta cuándo llegaremos a darnos cuenta de que solo con la continuidad y sumando esfuerzos podemos tener posibilidad de desarrollo.

¿Predominarán los políticos y comenzarán a desaparecer los politiqueros? Eso será perceptible cuando la vocación de servicio sea el objetivo de los que participan y no la obtención de un empleo o subsistencia. Será evidente cuando en las mentes de los contendientes esté siempre el proyecto social y el deseo de superación de la crisis del país.

La práctica de borrón y cuenta nueva desaparecerá, cuando predomine esa vocación de servicio y no la nociva práctica de romper pactos. Cuando predomine el culto al interés general como una especie de altruismo del que nos habla A. Comte, “que ahonda sus raíces en las desconocidas profundidades de lo pasado, abraza el presente y penetra en lo insondable e infinito del porvenir”.

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