Brillante científico salvadoreño en la Diáspora

El ratoncito entró a la pequeña caja y, en lugar de recorrerla y husmearla, quedó paralizado de horror, pues “recordó” que en esa caja había recibido un fuerte choque eléctrico en una patita. Lo extraordinario del experimento era que ese ratón jamás había recibido choque eléctrico alguno. Más bien, solo había reaccionado a una “falsa memoria” que Steve Ramírez y su colega Xu Liu habían plantado en su cerebro.
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Otro ratón sí había sido traumado antes con un choque eléctrico dentro de la caja; ciertos grupos de neuronas cerebrales (llamados “engramas”) que registran y guardan los “recuerdos” fueron removidos del ratón víctima y trasplantados a un punto preciso del cerebro del ratoncito de esta historia, dándose en él aquella dramática reacción.

“Es una hazaña fantástica”, comentó Howard Eichembaum, líder de investigaciones sobre la memoria y director del Centro de Neurociencia en la Universidad de Boston, donde Ramírez realizó sus estudios universitarios. A sus 24 años buscaba ya su doctorado (PhD) en Neurociencia y fue cuando él y Liu lograron abrir esa brecha que muchos investigadores solo vislumbraban como algo remoto, por lo que ahora alaban ese descubrimiento como genial.

La revista Smithsonian, en su n.º 7, noviembre de 2014, presenta los detalles de esa proeza, comentando que el trabajo de Ramírez y Liu “ha dado paso a una nueva era en las investigaciones sobre la memoria, que podrían un día conducir a nuevos tratamientos para afecciones médicas y siquiátricas, tales como la depresión, el desorden de estrés postraumático y la enfermedad de Alzheimer”.

El artículo agrega que cuando Ramírez era un niño, a menudo visitaba el laboratorio de locomoción animal en la Universidad de Harvard, en donde su padre, que había emigrado desde El Salvador con su familia en los años ochenta, trabajaba limpiando jaulas y aseando pisos, para después llegar a ser jefe técnico del bioterio.

Más de dos docenas de laboratorios a escala mundial han iniciado proyectos aprovechando los descubrimientos de Ramírez y su colega, dadas las múltiples ramificaciones científicas y tecnológicas a que han dado apertura sus hallazgos. Ramírez piensa que un día será posible la “cirugía de la memoria”, de la que podrán borrarse los recuerdos traumatizantes y sustituirlos por otros agradables. Una visión sencillamente asombrosa.

Hay, por supuesto, implicaciones en cuanto a la trascendencia de estos trabajos, incluyendo las consideraciones en el campo bioético. Lo que deseamos resaltar es que la Diáspora salvadoreña, de la que tratamos en artículo anterior, es un recurso que debemos comenzar a aprovechar de manera organizada. ¿Están enterados del caso de Steve Ramírez el Viceministerio para los Salvadoreños en el Exterior y el CONACYT? ¿Lo están la UES y otras universidades e instituciones encargadas del impulso al desarrollo científico? ¿Les interesa como tema a los distintos “tanques de pensamiento” del país?

El caso de ese compatriota, por lo extraordinario, debería hacernos meditar. Pensemos en todos los talentos juveniles desperdiciados en nuestro país, a lo largo de muchas décadas, por nuestra falta de visión al no haberle apostado a la educación y al desarrollo humano.

¿Qué sería de Steve Ramírez si su padre no hubiera tomado la decisión de emigrar? Por otro lado, ¿qué sería de muchos de los jóvenes atrapados en la pobreza, la marginación y la delincuencia si se hubieran criado en un país más justo y en un ambiente familiar y comunitario más favorable?

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