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¡Buenas, El Salvador!

Esto lo escribe un compatriota salvadoreño, que cada año visita su tierra y que en esta ocasión comparte por vez primera sus palabras, sin ningún ánimo normativo, renunciando a esa costumbre tan nuestra de decir cómo hay que vivir ni hacer las cosas.
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Pero, en esperanza, con la idea, talvez vana, de al menos dejar escrita la suma de sensaciones que a uno le deja esta hermosa tierra. La mirada de afuera, es, creo, lo que nos hace saber apreciar lo bonito que pasamos por alto y lo feo en lo cual dejamos de reparar hace mucho.

Llevamos –esto no es nuevo– toda nuestra vida republicana, y posiblemente, prerrepublicana, en un fratricidio que ha sabido disfrazarse de las ideologías predominantes de cada momento histórico. El subdesarrollo y la pobreza nos han envilecido. Y para poner un ejemplo actual, nos han hecho pensar en aquellos inferiores a nuestra clase social como trabajadores simples, de oficios varios, en buen salvadoreño, como: “choleros”. Y a nuestros superiores, en el despiadado juego y competición profesional y comercial, como “superiores”, o jefes.

Pienso que el cambio cultural, generacional, es imperioso. Y la habilidad que tengamos para recuperar la compasión, y para ganar la hermandad, como un valor universal y humano, quizá una extensión de los valores cristianos, pero al mismo tiempo extraeconómicos, será vital, no solo para otros 25 años de “Paz”, pero más importante para una Paz en la cual nos veamos como hermanos, y en la que “bajarse al vecino” no sea motivo de celebración.

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  • ideologias
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