Buenos propósitos

Popularmente se dice: “Año nuevo, vida nueva”; y esa pequeña frase es una elocuente invitación a abrir puertas y ventanas hacia los días que están por venir.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Y es que los seres humanos caemos con mucha facilidad en los encierros que se nos van volviendo claustros, sobre todo en lo que a la conciencia y al ánimo se refiere. Al respecto, quiero traer este día a la memoria compartible las palabras de una dama sencilla y sabia que conocí en los tiempos de la infancia, allá en el vecindario del Barrio San Miguelito. Fueron muchas sus palabras, y aquí sólo voy a revivir algunas de ellas: “Chelito, tenés que aprender muchas cosas que no te dicen en el colegio pero que van a servirte mucho en la vida... Una de esas cosas es el cariño que le debés tener a cada día, porque cada día es un pedacito muy valioso de tu vida...” Yo me quedaba pensativo, y ella agregaba: “Mirá, chelito, a la edad que vos tenés parece que el tiempo no existe, pero yo quiero hacerte sentir desde ahora que Diosito nos ha hecho desde el mismo momento de nacer el mejor de todos los regalos: este momento que compartimos y que vamos a seguir compartiendo, porque estas palabras se te van a quedar grabadas para siempre...” Los años fueron pasando. Ella dejó este plano y yo me fui a vivir a otra zona. Pero hoy, una vez más, aquella presencia y aquellas palabras están tanto o más vivas que entonces. Cierro los ojos y la veo sonriéndome: “Chelito, ¿ya viste que era cierto lo que te dije en aquel pequeño corredor interior de mi casita del Pasaje Rovira, donde vos también vivías? Así que hoy, al comienzo de 2018, te repito desde mi morada en las nubes: No se te olvide, lo primero es reinventar la vida. Y vos, como poeta maduro, lo entenderás mejor que nunca... Besos, mi niño...”

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