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Bukele, atrincherado luego de activar una crisis diplomática innecesariamente

El Salvador ha sido un tema geopolítico para Estados Unidos desde 1932; en la actual lógica de combate a la inmigración ilegal a través de la inversión en desarrollo humano, se presagiaba una alianza entre ambas naciones, no que el gobierno de una se convirtiera en un problema para la otra.

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Sin ayuda de nadie, de modo innecesario e incomprensible, el Gobierno de El Salvador se ha hundido en una crisis diplomática internacional.

En un primer nivel del análisis, el gobierno de Joe Biden ha reaccionado a consecuencia de la disolución de la Sala de lo Constitucional y el desconocimiento al fiscal general de la República. La incipiente administración estadounidense teje su política regional alrededor del concepto de una Centroamérica democráticamente pobre y económicamente empantanada; por eso le es intolerable que a 2 mil 600 kilómetros de su frontera, en una nación atada a la economía norteamericana por un cordón umbilical, se actúe de un modo vulgarmente autoritario.

En el traspatio, ni Guatemala ni Honduras ni Nicaragua son un ejemplo de desarrollo democrático, pero los migrantes de esos tres países no rozan el millón y medio de de salvadoreños en Estados Unidos. El volumen no lo es todo; que uno de los efectos de ese flujo haya sido la instalación de una asociación criminal con al menos 8 mil miembros a la que el Departamento de Justicia califica como terrorista también cuenta. Por ambos motivos, el combate a la marginalidad en El Salvador es de interés para aquel país.

El Salvador ha sido un tema geopolítico para Estados Unidos desde 1932; en la actual lógica de combate a la inmigración ilegal a través de la inversión en desarrollo humano, se presagiaba una alianza entre ambas naciones, no que el gobierno de una se convirtiera en un problema para la otra. Pero la lectura diplomática del régimen GANA-Nuevas Ideas fue deficiente y la innecesaria matonería de la que el oficialismo hizo gala en apenas la primera sesión plenaria del nuevo parlamento tendrá un costo profundo para los salvadoreños a ambos lados de la frontera estadounidense.

El culpable de esta crisis tampoco ganó nada. No habrá lobbistas ni campañas en redes sociales que restablezcan la imagen que Bukele quería construirse fuera de las fronteras. No tener en Washington a una sola persona con crédito y capacidad empeora la situación.

Eventualmente, la nación salvadoreña entenderá qué razones tuvo el presidente para acelerar su arremetida contra el Órgano Judicial; interpretarlo sólo como una vendetta o como el juicio moral contra "los enemigos del pueblo" durante la pandemia es una retórica infantil inútil en la lectura de la escena del crimen contra nuestro Estado de derecho.

Pero la reacción estadounidense no se debe sólo a que ya identificaron el potencial tiránico del proyecto Bukele, sino a que en el pequeño tablero salvadoreño han aparecido piezas inesperadas. Al menos dos personajes cercanos al opositor venezolano Leopoldo López influyen en la esfera política cuscatleca; el denominador común no es ideológico sino estrictamente de negocios: China.

La experiencia china en Venezuela, adonde el expansionismo asiático llegó buscando petróleo para su consumo y terminó prestando dinero para mantener esa dictadura a flote, ha derivado en una proximidad con los opositores en el exilio. Alguien debe garantizar los activos chinos en ese país, incluso López en caso de una eventual apertura democrática.

A raíz de esos contactos, algunos políticos venezolanos se yerguen como nuevos lobbistas prochinos en la región, y su presencia en El Salvador no es casualidad, como tampoco el malestar estadounidense ante la avanzada de su principal adversario geopolítico en su área de influencia histórica y directa.

En otras palabras, el oficialismo salvadoreño eligió el momento, la coyuntura y los socios equivocados, en el peor momento posible. Y el costo no lo sufrirán sólo la imagen de Bukele o las carreras de los profesionales y políticos que constituyen la vanguardia del régimen, sino la economía y la democracia nacionales.

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