“Bullying”: Acoso laboral, cibernético y escolar

Este tema del acoso en variadas manifestaciones me lo inspiró una conversación con un amigo que había sido víctima de “bullying” cibernético, atacando su origen racial y otras características personales que llegaron al borde de la difamación.
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Afortunadamente pudo identificar a la persona que con perfil falso dio origen de estas acciones. El caso lo llevó a la Procuraduría General de la República en la unidad de mediación, donde quedó abierto un expediente que podría permitir iniciar procesos jurídicos. Nuestras leyes en este campo son incipientes, lo que dificulta los procesos legales, sin embargo se puede actuar.

Este fenómeno del acoso no es nada nuevo, pero cada vez su impacto es menos soportable en la sociedad de hoy.

El apodo es otra forma de identificar a las personas, muy común todavía en nuestras colonias o barrios, es un sobrenombre que hace relación con algún defecto o característica personal y es un rasgo cultural puramente humano. De los apodos al “bullying” solo hay una pequeña línea que los divide, cuando esto se convierte en instrumento para dañar insistentemente la autoestima de otro o en violencia manifiesta en diversas formas.

El tipo fortachón ve con menosprecio al débil y el ricachón actúa lo mismo, muchas veces acompañado por su grupo de seguidores que ejercen el poder en sus diversas manifestaciones negativas.

En el caso de los trabajadores de empresas privadas o públicas, esta es una práctica que algunos propietarios y funcionarios permiten y que el capataz o gerente usa para lograr mayor eficiencia en las labores, “¡solo así entiende el bruto!”, de allí surge el lenguaje soez y violento, la amenaza, el ridiculizar las deficiencias de sus congéneres y así día a día la autoestima del imputado se va volviendo una carga insoportable que busca una salida que lleva muchas veces a consecuencias trágicas.

En el ámbito juvenil o escolar los casos abundan, especialmente en edades que la personalidad del niño se está formando. Muchas veces los profesores ven el acoso pero no reaccionan ante la situación, a lo mejor la ven tan normal que no merece su atención. Esta actitud proviene de considerar estas manifestaciones como parte de una cultura ancestral “natural” que te la encuentras por todos lados y a la que solo no te atreves a enfrentar.

Los niños son víctimas de los más fuertes, de los más osados, de los que tienen más recursos económicos o capacidades intelectuales más desarrolladas y en las chicas la hermosura se suma a la competencia para atraer a los chicos Alfa y despreciar a los timoratos. Pero tarde o temprano de esta situación resulta en un exabrupto que puede llevar a la persona al suicidio, alcoholismo, promiscuidad, drogadicción, o a reaccionar violentamente produciendo dolor y muerte a su alrededor.

Afortunadamente esa represión, acoso o “bullying” se está previendo, en otros países. Los centros escolares tienen planes de prevención para estas situaciones en las que por medio del teatro, a los acosadores los hacen participar en dramas, poniéndolos a actuar como una de las víctimas.

En el caso del maltrato laboral, el recurso es la denuncia en el Ministerio de Trabajo.

Es imprescindible que padres de familia, empleadores y maestros, pongan atención de comportamientos diferentes o no habituales, ya que el ofendido pocas veces manifiesta públicamente su situación. Cualquier cambio de conducta es un indicador de que algo anda mal.

Evitemos llegar a casos extremos como el acaecido recientemente en México o en Estados Unidos, donde los niños armados son mensajeros de la muerte. O en Europa donde los índices de suicido son muy altos.

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